Alexis Castillo

ALEXIS CASTILLO nace el 8 de diciembre de 1975 en Linares. En 1994 reside en Concepción, cursando estudios de Historia y Geografía en la Universidad de dicha ciudad, para luego, desde 1995 hasta 1998, cursar estudios de Derecho en la ciudad de Talca. En 1999 regresa a Linares y desde el año 2000 hasta ahora, cursa estudios de Literatura Hispánica en la Universidad de Chile. Ha realizado talleres de poesía con Gonzalo Millán y Alejandra Basoalto, en el Centro cultural de España y la Universidad de Chile, respectivamente. Es miembro y editor de la revista de literatura Pájaro Verde.

  

EL VAGABUNDO DE LAS ARDENAS

Un chicuelo amargo y solitario por las calles atraviesa la imaginación de otro cruel consigo mismo.

Un ángel parecido a un hombre que insulta al mundo desde su balcón pasa circunspecto los terrenos del sueño y la locura.

Siempre han existido vagabundos en el cielo como nubes arrojadas sobre el mar simulando ser espuma. Ahí están con la furia en la lengua y algo de pan en los bolsillos.

  

VIAJE DE CIEGO

Ante esta negra olla me detengo exhalo el humo acumulado con los años entro en la alcoba de mi cuerpo herido como niebla que cubre la soledad de los puertos y moja la cubierta de los barcos varados.

¿Dónde está el pájaro que canta? ¿Cuál es la historia que mis huesos temen repetir? Leños que perduran en el fuego, llama inevitable y una anciana contempla desde hace años.

A donde voy me empuja la noche hacia un viaje de ciego hacia una caminata de lobos por el bosque hacia el abismo que hay entre mi ser y el tiempo arrojado, cual piedra en el estero a favor de la corriente, un árbol que mueve sus hojas hacia lo desconocido con el viento convulso de Septiembre y Octubre.

  

VAMOS POR LA ENREDADERA DE LA NOCHE

Vamos por la enredadera de la noche como un suicida hacia el acantilado, los árboles nos saludan con desdén la hierba tiene un olor fúnebre. Una anciana borracha nos insulta cerca del oído.

  

MEDITACIÓN ALCOHÓLICA

Cuando uno ha construido castillos en el aire y la ocasión no está para castillos en el aire. Cuando uno ha puesto los pies sobre la tierra y la ocasión no está para pies sobre la tierra. Entonces uno se decide y abre la ventana para seguir con la mirada una paloma.

  

DON QUIJOTE

Los pájaros me dicen: ¡es una buena tarde para morir! sopla un viento solemne y majestuoso los árboles mueven sus últimas hojas amarillas. Me sumerjo en lo hondo de mí mismo en el obscuro sueño de mi vida descalzo, penitente y embriagado. Los batanes me han dado en todo el corazón, ya no puedo dar vuelta en el camino.

  

PARÍS, 1910

París reflejo de mi corazón quisiera fundirme en él no estar sólo conmigo mismo                             Marc Chagall

la idea precede a la materia calles desvencijadas: tránsito al sueño umbral de la belleza: espejo: sombra bajo los castaños: Montmartre: Montparnasse: Saint Michel: Campo de Marte: ojo de niño asombrado. Niebla rondándome la cabeza en 1910. La cuna: la revolución: el arte nuevo.

Las nubes de París deliran al amanecer.

Daniel Tapia

DANIEL TAPIA nace en Santiago el 6 de agosto de 1980. Tuvo estudios de literatura en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Chile. Los poemas que presentamos pertenecen a al libro en preparación La antología de los extintos.

  

CONJURO

Tú eres el regalo que han forjado para mí las pequeñas voces. Tú eres la fábula que ha creado el pensamiento mordido, la cadena que embriaga el rumbo del destino cuando permanezco en soledad.

Hija de las aguas cortadas por el filo de la luz ¿qué haces sumergida en esta piedra tan profunda? Compañera del robusto sol primaveral ¿qué pretendes encontrar en el abismo de tus ojos? ¿qué quieres desenterrar en los incoloros sueños de los hombres?

Hay una certidumbre que sólo vive en el barco en el que viajas. La tarea del que carga un ataúd en sus espaldas es hacerlo caminar hacia la penumbra, no encaminarlo hasta la llama de sus días.

En la proyección de la tormenta habita el que huye de su ángel, el que huye de sí mismo acompañado de sus Furias, cogido de sus manos, atrapado entre sus mantos.

Yo soy el pequeño regalo que han forjado para ti otras Voces. En mis manos he creado un refugio momentáneo, capaz de soportar las caricias de la tempestad.

Si quieres, aquí está el obsequio, aquí está el refugio. Si quieres, ahí está la tempestad, frente a tus ojos, siempre ha estado soplando en tus pestañas. No huyas, frente a ti hay una antorcha a la que debes acogerte. Tu regalo y las Voces están en tu baúl y la tempestad aprende a temerte y a alejarse poco a poco.

Para Sofía Gonzáles.

  

LAS SEÑAS DEL OTOÑO

Otra historia se hila en este lugar. Otro traje se puso el otoño para darnos el veneno.

Cuando la estación es ocre y los signos en la piedra atraen a los pájaros y les sugieren que coman gravilla, se oye un himno de hombres que gime preguntando '¿qué se hace? ¿a quién se acude?'

El sol suele responder que nada, que a nadie y te quema suave para que conozcas tu soledad.

 

HIMENEO

Recuerdo con especial ardor el sonido de tu cuerpo y el rocío de tus manos sobre mi espalda. Izamos nuestras banderas, flameaban a la par. Tu cuerpo bajo el mío, una ciénaga. Contemplamos el producto del placer. La tarde nos ofreció un raro enlace: el sol se heló al entregar sus brasas a la luna. La sangre derramada sobre las flores azules no fue signo de violencia, tampoco el resultado de la situación. Dos cuerpos que se agitan así pertenecen a la antología de los extintos. La estructura es parte de la entrega. El rito se repite siempre.

 

UN ESPEJO DE MIS SUEÑOS.

La lágrima que se derrama es luz, no tinieblas.

La lágrima que cae es un ángel que me cuida sin pretensiones. Rueda a través de círculos que se tocan sin acariciarse, para caer en un prado yerto. Hace crecer la ortiga que hiere y la flor que derrama sangre y se marchita.

La lágrima es un mal que necesito, una mujer que me consiente. Tiene caras que no quiero ver y muestra la cabeza de los alfileres. Río que busca el descanso en un estuario inexistente.

(Simula a la semilla que no vuela con el viento.)

La lágrima que cae es un espejo de mi faz quebrada, me muestra que sonrío hipócrita cuando lloro como lloran los hombres.

Este espejo necesita un océano que lo abrace sin dejar húmeda la orilla de esta playa de cristal.

  

VIAJE DE LA MIRADA HACIA LA VOZ.

¿Quién dijo que el tránsito de la magia no era tal? Y si el tráfico entre mi pupila y la tuya, y si el choque en la esquina del espasmo penetrante de tu iris como espada, la locura de una nota anudada al alambre prodigioso de tu cántico, proponen que en los labios debe haber rubor, que en las mejillas existe un ardor inocente, proponen que el relieve de la célula ha sido contactado con la niebla del aliento. ¿Quién puede explicar el regreso de este rocío a esta espina? ¿Quién puede explicarlo sino tu canto, sino tu voz?

 

Rodrigo Olavarría

RODRIGO OLAVARRÍA nace el año 1979 en Puerto Montt. Desde 1997 es miembro del grupo Quercipinión, con ellos publicó el libro Quercipinión (Ediciones Lar, Concepción, 2000), durante el año 2001 fue becario de la Fundación Pablo Neruda. Poemas suyos han aparecido en las revistas Cyber Humanitatis, Pájaro Verde y Estrago, entre otras. El año 2003 fue beneficiado con una beca del Fondo del Libro y la Lectura. Estudia la carrera de Literatura en la Universidad de Chile.

 

CONDICIÓN ESQUIVA

Mis ojos precipitan en el aire cargado de cifras Nombro cada certidumbre pues en ti se posan los animales de la belleza Soy el náufrago deslumbrado por un páramo encendido Cada corte en el tallo de la presencia me devuelve al tránsito ciego.

Investida con la calma del relámpago sabes de la extracción que realizas Del poder con que excitas el fuego en mis sienes.

Por ti olvido los espejos que propagan su dominio El método que siembra granito en el sueño De ti obtengo estas brasas, hacia ti se tienden estos ritmos Y se queman los párpados de los insectos Y se extravía la belleza en el alcohol.

Oculta en la penumbra de los ríos el sol no será tu victimario Conoces las llamas alineadas en mi frente Ahí el deseo derrama sus cartas robustas Ahí despiertan los acordes que revelan tu visita.

Conservo sólo este sueño forjado por las pieles en tu piel Nada obsta para que halle en ti el sorbo turbulento De ceñir tu cuerpo en estos silencios abriría otra noche en mí Y no sería un círculo solo en el vientre de las palomas.

 

EL TABACO DE LAS PRISIONES

Qué soy sino la sombra que reposa sobre los abrevaderos.

Si digo aire me ciñen una pluma bajo los párpados, Digo fuego y soy coronado con horrendo metal, Digo noche y el relámpago se tiende en el aire, Digo piel y la estrella varada comienza a gestar un animal.

Estos signos me acompañan con la gravedad de los púlpitos, Yo soy el hombre que busca su canción bajo la piedra.

No abandono el hueco en el pecho del gigante Ni el cofre donde el otoño guarda su soplo. Nada sé de las monedas arrojadas en el declive de la estación Sólo oí un labio atado con sal a mis sienes. Sostengo la escritura que ha de filtrar esta arcilla.

 

EL SABOR DE LA DESAPARICIÓN

Donde el horizonte convoca a la noche reside mi estatura abatida Las armas crecidas de la muerte me arrancan de la efusión Y me presentan la mudez en el corazón del relámpago.

Bebo de este ángel como si su fósforo poseyera la certidumbre que desvela Digo sangre y constato la tristeza de quien habita la casa sin ventanas.

La corona que me ciñe posee la forma del deseo Ignoro si la viga obstinada termina por abandonar el ojo.

Tarde, estas figuraciones se desenvuelven  a un lado del tiempo.

 

OCULTO EN LA CENIZA

Un día podrás ver que vine a explicar el bronce en los parques La palabra recién cortada al árbol de la fabulación Verás que estas formas cuajaron para interrogar la arcilla Tú muerdes un tallo y dices que la visión se esconde en la ceniza

Querías verme volcar fuego en los trigales La aguja de nieve con que se instruye a los ángeles quería yo

Me querías cegado por la piedra de la afinidad impracticable No en búsqueda del abanico entre las sienes rotas del hijo Me querías encogido junto al águila oscura de la muchacha No en los bebederos de la amapola Educado por el otoño como los insectos por la sangre

Penetré esta casa a la hora en que el sueño reclama su látigo Traje el corazón del mundo a la mesa Y soñé otra escritura porque llueve y todo se extingue.

***

Solo sé que si abro el poema deberá sangrar                                       Rafael Pérez Estrada

Si yo estuviera en el poema como una herida Y levantara una casa junto a la ribera de la sed No sería lo mismo enfrentarme a la aparición.

Si mis manos asieran la ebriedad de estar en el poema Acudiría a la ceguera de los caballos Y el soplo del ángel profundo sostendría mi casa Un árbol cuyo fruto es la más segura infracción.

Descubrí el camino que conduce al poema Supe la ansiedad de las hojas al descolgarse Vi el castigo del que tiende su corazón bajo la lluvia Y el pájaro que vendrá junto a mi tumba Así se inició el gesto en la página Así se abrió la claridad.

Entonces yo soy la herida en el poema El mediador entre noche y día Entre palabra y silencio sublevado Aquel que viene del poema y trae fruta y noticias.

Mi casa es incubación de la fiebre La fiebre que agosta la sangre al beber de un manojo de llaves abandonadas Esa fiebre habrá de llegar y seremos huéspedes Ella y yo.

 

CARTA

Vivo entre los frutos anónimos de la gravedad Frutos que sostengo en este silencio corrompido Frutos similares a nombres o ácaros Ojos deshabitados, quietud estremecida. Exactitud donde soy cómplice de los pájaros De la dulzura aterida por la guerra Las vertientes del vacío y sus látigos de espuma.

Poseo la imantación que en la blancura del alcohol se reivindica Me rigen las formas exhaustivas de la violencia Existe el cuerpo que aquieta las medidas de mi exceso No me ciega la afinidad del páramo con el papel.

Voy tras la sombra de los heliotropos A remontar sueños cargados de peces A buscar una carta de negritud y labios deshojados En el vacío que me escribe En el hermano que escribe en el vacío de su hermano.

 

DOBLEZ DE LA NOCHE

I

Esta copa de angustia donde se ahoga el aire que te guarda Esta herida donde están sitiadas las hojas del amor Este sangramiento al que me entrego con la garganta llena de raíces Barco abandonado para escarnio de las olas Vinculo que obtengo si delineo las proporciones de la oscuridad Eres tú quien corta los hilos cargados de mensajes Eres tú quien precipita la caída del verbo en el agua.

II

Este es un tiempo sin hojas, conozco la luz desprendida Estamos solos y rueda la noche sobre la escarcha. Los signos son carne donde la belleza halla su espacio

Me diste la noche y su cuenca volteada, un látigo y un azar que interpelar Un perfume oculto en la estampida, la semilla que provoca la migración

Por ti conozco el comercio entre verano y otoño, El apego del suelo por los dones de la gravedad La dirección implícita en la temperatura Escucho como tú el bosque palpitar Y es tu voz la que oigo en el silencio, cruzado por sombras.

Dawn Terry

DAWN HERRERA TERRY estudió Cultura e Historia de Latinoamérica y Filosofía en Brown University; se graduó en Junio de 2003. Ha publicado poemas en algunas revistas universitarias. Tras su estancia en Chile, reside en los Estados Unidos. Espera empezar su postgrado en Filosofía en el otoño de 2004.

PELUQUERÍA

Cada día la cordillera tiene menos matiz. Sentado al lado de la ventana, comienzo la cordelería.

Antes, me corté el pelo en lugar de otras cosas: me satisfacía, hasta que me acostumbré de nuevo a los pómulos en el espejo.

No puedo gastar más en hojas.

Anteayer recogí mi cabello del suelo, de abajo de la cama, del closet y el rincón noroeste, sacudiendo la tela rosada,                        inservible. Anudo la ropa puesta, de vez en cuando

arrojando mi mirada por la ventana.

La cordillera va desapareciendo. No obstante la contienda cotidiana las fronteras no son manifiestos.

SOBRE LA TEMERIDAD

(A)

Al amanecer, giro dos veces. La ciudad se arrima debajo de su plumón deslucido. Suspira, contento que su vida moderna sea más que un sueño.

Giro dos veces y pienso en la mañana, en quedarme en la cama, donde me traen manzanas polvorientas y perfectas, y te digo vengo tarde, pero voy. 

Recuerdo

(B1)

Me dijiste que la paranoia está fuera de la mente y luego te llevó la policía. El lugar lo marco precisamente donde la ansiedad llegó a ser miedo se convirtió en carne y hueso, el lugar donde tomó mi mano y me dijo

me gusta estar contigo.

(B2)

Lamentablemente, el Dios de los filósofos no tiene hombro ni hogar.

(C)

Giro dos veces y pienso en la mañana y su fracaso en el almuerzo y una puta sifilítica soñada por Soupault:

a cloud of milk in a cup of tea        you have to stand                                         a certain distance  from the wall                                                               to rouse an echo Ya son las diez y media.

(D)

La mañana sigue:

10:45

Pan tostado con mermelada, café agridulce.

11:04

En la ducha, me doy cuenta que no lo siento.

11:32

El bolso, bien.

11:46

El ascensor ocupa concretamente espacios de ambigüedad.

11:49

Siempre, la calle atemorizada.

(E)

Diez para las doce, encuentro mi alma adentro de una rosa:

titubeo.

AL HOMBRE QUE ESCRIBIÓ QUE SOLO PODEMOS SABER LO QUE SENTIMOS A TRAVÉS DE NUESTROS CUERPOS

Sombría la mañana, un templo profanado. Los primeros rayos del sol iluminan pilares rectos, ennegrecidos. Desde lejos, se puede ver el humo alzándose sobre cenizas limpias.

Polvo de Génesis, residuo del sacrificio a un dios sangriento e implacable, salido plenamente, como todos los dioses del cerebro humano.

Los perros se vienen olisqueando.

En un refugio de madera, la dueña de casa cuida sus quemaduras. Se acuclilla, canturreando canciones de una época pasada, esperando las caricias de la lluvia.

Josefina Camus

JOSEFINA CAMUS nace en Santiago el año 1982. Actualmente cursa la carrera de Licenciatura en Literatura Hispánica en la Universidad de Chile. En el año 2003 gana la beca de la Fundación Pablo Neruda, participando actualmente de dicho taller de poesía. Paralelamente cursa estudios de danza.

  

COMPLICIDAD

 Yo no escuché los pájaros yo llevaba reloj y no escuché los pájaros

En la calle, yo no sé por qué ponen pájaros los árboles dan oxígeno son como los barrenderos aunque desapercibidos cumplen función

Tienen función como los abogados como el teléfono y el edificio municipal pero los pájaros

Los pájaros se parecen a mí cantan junto a maletines, escotes y tobillos cansados

Y yo envidio su canto porque detiene me detiene y pregunta por qué lo escucho? por qué canta mientras se esconde en las bocinas, entras los motores entre los “choco panda” y el “calugón pelayo”

Aparece y recuerda: “aún existo” aquí estamos le digo mientras me voy y él se queda

me voy porque “tengo que hacer” porque yo sí cumplo función (?)

De jaula en jaula

Llegó con la mirada abierta Así, como la lleva ahora

Ella miraba escondida queriendo bajar de la jaula a su boca al atrás de su sonrisa probar el silencio en su palabra, entrar

Él entró él entró diciendo que la jaula no existe que la jaula se llama dos manos

Gracias gracias le dice con su vestido simple que la avergüenza pero a él no le importa que sólo lleve preguntas a la mesa

Yo no sé que le mira ella sonríe y ve que la jaula tiene cara de luz

 

VIDA DIARIA

Llevo pasillos blancos como canastos tras mis ojos blancos pasillos cada mañana reclaman porque algo les robaron o algo no llegó y se quedaron blancos

Ya no confían en el retorno del héroe sólo piden colores, razones para un cansancio de noche

Por la tarde cuando abro mis pasillos sale olor a carne, a hueso a adulto en silencio de piedra deseo                                 de piedra recuerdo silencio de envidia, como la mía por la entretención de un niño en su conversación con nada y en esa nada todo tiene respuesta

Llevo pasillos en mis sábanas de noche me preguntan cosas repiten momentos yo respondo con ganas de olvido, de reiteración.

Rocío Cano

ROCÍO CANO nació en Santiago en 1980. Cursa actualmente la carrera de Licenciatura en Humanidades con Mención en Lengua y Literatura Hispánica. Ésta es su primera experiencia como tallerista.

 

***

Niño destrozado por la búsqueda perdida sueltas tus agallas pegas a los puños tu ira escondes el papel amable, la amable paciencia. Somos la herida recia El halado sorbo Revocamos el alfabeto de la sapiencia Con la mirada que se extingue para siempre Y mi piel que se arruga y se estira En la colisión con el roce incansable Con mi cara vaciada de tu plácida presencia. Otro día Otra mañana Otra vida que se expande Y allá nos encontramos En la esquina, en la puerta Porque otros somos Otras nuestras deudas.

HOY ME BUSCO EN LA PUNTA DE LOS DEDOS, EN MI SONRISA, EN LA ESTATURA DE MIS PREGUNTAS POR UNA COSA CUALQUIERA; UNA LIMOSNA DE MÚSICA PARA SABER POR QUÉ ESTOY TAN SENCILLA, TAN ESCASA DE CARNE.

UNA MONEDA DE CIEGO ME DESNUDA; Y QUIERO CORRER CON AQUELLA COSA AZUL Y AIRE FRÍO... AQUEL VIENTO QUE VIENE CON SU REPÚBLICA DE PALOMAS ENPIOJADAS.

HOY LAS MANOS MAYORES NO ME CUIDAN; TAL VEZ, PORQUE AHORA CAE SIEMPRE EL OLVIDO DELANTE DE MIS OJOS.

HOY SIENTO QUE MIS PASOS NO TIENEN LA EDAD DE MI CUERPO. Y LOS HOMBRES ME MIRAN, Y ESTOY TAN LIMPIA QUE CAMINO DE ESPALDA, PARA NO MIRARLOS, PARA QUE NO ME MANCHEN CON SUS OJOS.

Tendimos yerbas, dibujamos las flores en el campo Gruesas gotas de lluvia cayeron sobre la tierra Y siguieron cayendo hasta formar posas desparramadas A veces me pregunto Si se hacen aún los cabellos, los ojos, la ausencia-presente con líneas O algo que se mueve. Hoy cabe en mis manos la madrugada... la madrugada hace tiempo que se llama tu nombre (Hay un día de nidos y pájaros y cielo tornasol) en la ciudad se escucha un desmentir los caminos que arañan las suelas de mis zapatos Y se extienden a lo lejos, NO LE ROBAN ESPACIO A LA TIERRA de ellos brota a segundos la linfa el liquido espeso que ahoga tu pecho de niño imaginario.

Con relación al cuento del falso ciego Que se encontró un día, una carta.

La canción de los grillos se escucha desde los rincones abiertos de la tierra A la guerra la especie de halados paladines. Es hora de salir a jugar por los desabitados patios Por los descampados de espigas descoloridas, quebradas al menor movimiento Hay que subir a las espesas madrigueras y aclarar punto por punto las promesas hechas al ciego y a la hormiga Desde unos días atrás todo se ha vuelto blanco y negro en mi recuerdo: Una caja de imprecisiones perfectas escondidas debajo de mi cama (en caso de emergencia rompa el cartón). Me parece que el ruido que escucho en la ventana ya no se parece al viento,¿un grito?, es posible. (hay un día de luces de artificio). día para desabitar todas las promesas y volver a construir nuevas mansiones ociosas.

Saltos dados para nunca llegar al suelo un día de invierno a las cinco de la tarde cuando el cielo amenaza lluvia con un viento poblado de tibieza, de color rosa intenso. Como todo lo demás

Margaritas ancladas de tallos verduscos Navegan por mares atascados Entre promesas de Girasol y visiones misteriosas Lanzadas de costado al sol de la tarde Un día que se duerme de amanecida levanta con ocaso despeinado y aliento mustio. Ha llegado el día para conocer la revelación La esperada promesa Una lista de instrucciones que desata el lazo a una horda de alusiones milenarias una retribución de principios Martirio de santas concubinas celestes Anegadas de contorneos teológicos Es importante desenfocar la mirada La respiración de golpe jadeos con  perfumes a jazmín Confirmación del carácter beato de la obra Beatitud necesaria para explicar de forma acertada Las conductas sexuales de mujeres esenciales y flores

 

MOTOR DE AIRE

descalzos danzan diáconos degradados deleite de doce dictadores deben decir discursos deshonestos diseñar disimulados disfraces dialogar de diademas diamantes durante días deshuesan duraznos, dulces delicias dioses dóricos dibujan dromedarios detrás del dintel después de dormir durante doscientos divertidos decenios decido dividir decápodos dactilógrafos diestros dañados debido desdichadas decisiones diplomáticas discretas damas destejen dalias de Dublín de pronto desnudas discuten de decencia diminutos demonios degüellan doncellas delante del dispensario Dionisio delira desmembrado desfloradas diosas degluten dedos después del drama disimuladas dosis de droga debilitan drásticos desmanes dóciles desanimadas decidieron dejar de divagar dolores debieron desatar dichas disputas díscolos dandys derraman drambui duquesas declamadoras de dogmas digeridos descansan desangradas diez docenas de duendes desconsolados desean despertar dadles dádivas divino divertimento.

Pablo Rojas

PABLO ROJAS nació en Temuco en 1981. Estudia Literatura Hispánica en la Universidad de Chile. Los poemas que presentamos pertenecen al libro en elaboración Agujas.

  

EL RECUERDO DE MI ABUELO

Un torrencial despliegue de mariposas habitaba el anciano y acogedor cerebro de Brahms. Mil caminos se encontraban en otoño, y un sabor a nueces, café y chocolate percibo entre la ventisca que acosa con volar el techo del desván.

He descubierto entre sus notas la melancolía de aquel viejo amigo de la fuente, las hojas verdes, la lluvia gris, de las tabernas ya perdidas en algún jardín olvidado, de las noches endulzadas con el canto de los grillos.

Su paso firme entre la maleza del bosque ablanda el miedo que hostil en esta medianoche se abalanza como un gato enfermo hasta mi cama.

Lo veo dormido como un niño entre las piernas de su amiga Clara buscando en ella los consuelos de una madre o el abrigo a los fantasmas que dejaba tras de sí.

mi abuelo, nostálgico recuerdo que acerca esta estruendosa sinfonía, un paseo a orillas del lago mientras hablaba de su piano y un reproche fingido si embarraba el piso con mis botas.

Hoy me enredo entre su barba y en las notas que descuelga para mí, repaso mis lecciones bajo el celo de su mirada triste y paternal mientras lloro su recuerdo y me convenzo a duras tientas que ya he dejado para siempre la niñez.

   

ANDENES

    “Te gusta quedarte en la estación desierta”

        J. T.

 I

Con el crepúsculo de los árboles llega la postergada hora de partir. Se paraliza el ímpetu de vivir y la muchacha, triste, se convierte en una gárgola. Una vez más, la escarcha cae sobre el agua mansa. Una lejana ausencia se aproxima enlutada, como garzas hipócritas. Y llega fresca, ligera y estúpida rodando un sin fin de travesuras en su anillo de papel. II        

Cuando una despedida que se alarga toma las llaves de aquel viejo baúl en el desván y se marcha repentina hacia el pecho olvidado del sur dormido, un tren, sonámbulo de sueño, hasta más allá de esta cordillera nevada de silencios, corriendo, corriendo se apresura entre la niebla a rescatar los años de la infancia que volando ya se mezclan con el viento.

III

Sí, hay hombres que nunca partirán mas por eso, han de ser discretas estatuas de sal, pretensiones de la espuma. Hay quienes nunca tendrán Ortiga entre sus manos y no llorarán más de la cuenta. El anden más amigo de una estación desierta nos dirá lo que se ha ido y ya no está. Y las palomas se despiden para volver a saludar.

 

ATARDECER

Pálida plata envuelve la bóveda celeste. Un repentino huracán sacude los colores de la tarde. Los ojos tristes de una mujer, saludan. Mientras cae el amargo telón que sentencia lo vivido, idiotas las palomas, se revuelven entre ellas.

Cuánta ilusión desvanecida y cuán amargo es este sorbo de cicuta en que encuentro como un ciego a mis hermanos ebrios.

  

DANZA SOBRE EL LAGO

Lento brumoso, gymnopedia azul. Cáscara de nuez, solitaria danzas sobre el agua quieta, intento inútil por alcanzar la enorme luna en el espejo. Diminuta barca de ilusiones, algún día el viento traerá tu infancia sobre un diente de león, recobrará el nogal su sonrisa perdida en la tarde menos pensada cuando Ulises llegue al viejo puerto con su mirada habitual.

El pan sabrá mejor entonces. Y la noche de tu danza, esa nostalgia pasajera que en otoño producen las hojas al caer, será el canto secreto de las mariposas que consagra el misterioso amanecer de la mañana.

 

 PRESENCIA

Cuando las piezas se deslicen una a una por el piano cuando blanco y negro conjuguen al fin esa variable infinita ya habré pensado en la nervadura de tu silencio amalgama de ausencia, visiones y caprichos.

La melodía muda de las altas araucarias ilumina estos destellos que se asoman por mis ojos. El olor espeso escondido entre las barbas de mi abuelo cubre hoy mis lámparas de estaño. Monstruosidad erguida sobre ráfagas de misterio.

El hogar del ermitaño duerme entre sábanas de hielo. Cada noche la templanza súbita de un rehue entumecido nómade nace en la oscuridad del bosque. Novedad siniestra antecedida por la huella, ritual del tiempo que naufraga en cada juego, fabulosos castillos de ceniza que se agolpan en mi aliento. Un blanco gato se disuelve en las tinieblas.

Sobre tu cuerpo, las cavernas numerosas de un oculto sentido. Monásticos gusanos tejen tu piel de escombros y residuos. Como tus cuerdas que resoplan hoy vibrantes en mi lengua. Mis manos y los acordes de tus nervios me trazan la ruta del piñón de la tierra y de la espiga. La que no existe sin preguntas, la que no existe sin presencia.

Nicolás Salerno

NICOLÁS SALERNO nació en Lima, Perú, el 31 de enero de 1980. Licenciando en Literatura por la Universidad de Chile, con una tesis dedicada al estudio de la Nueva Narrativa Chilena. Cursó el Diplomado en Estudios Culturales en America Latina por la Universidad de Chile. Se ha desempeñado como profesor de Historia del Teatro Europeo y dicta talleres Literarios en Rancagua.

 

CARTA  DE  AJUSTE

“mis obras no son más que fragmentos de una gran confesión”                                Johann Wolfgang Von Goethe

I

Madre no llama durante la tarde durante la tarde ella se desvive hojeando libros de bellas artes parece encontrarse suspendida en una paleta de colores opacos que ensayan sobre la tela figuras graciosas y sin relieve dignas de toda la severidad de sus más tiernas emociones.

II

Cada noche siento que me espían narradores en primera persona los oigo preguntándome cuándo, cuándo en verdad siento que a veces nunca que nunca tenemos sueño que no hay ningún descanso en las veredas donde se esconde la gente limpia de pensamiento palabra obra y omisión .

III

El ruido aún zumbaba en mis oídos Me repito una y otra vez la causa de todo es mi voluntad incluso de los recuerdos nada tuve que ver con que muchos de ellos cerraran sus ojos nada tengo que ver yo con lágrimas en vivo y en directo.

IV

Me gusta todo en él no parece un hombre de su edad somos extremadamente celosos con nuestra intimidad no le gusta exhibirme en público lo acepto sin titubear fuera de las luces y las cámaras es todo mío disfrutamos cada momento juntos, no tenemos mucho más que hacer hasta que la muerte nos separe.

V

Se levanta cada mañana seguida de deberes y derechos a tomar su tránsito a lo mismo. no le importa regresar un día de estos y encontrar la casa sin niños en su cabeza persiste el frío de la mañana; producto del contacto de sus sienes con la ventanilla de la micro pormenor que le recuerda que no puede darse el lujo de adquirir buena voluntad a bajo costo de buscar razones contundentes que le den fuerza para volver al lugar donde todo comienza cada día sin su consentimiento.

VI

Todo se revela rápido las palabras brotan de su lengua a tropezones los colores que ciegan sus pupilas inexpertas y al mismo tiempo van golpeando sus párpados preguntándoles por el sonido de las cosas; auto, casa, gato, lengua cobran vida en el estrecho margen de su experiencia.

VII

Ni siquiera eres capaz de ver partir sobre tus hombros el rastro de una vida desperdiciada ni te encierra la duda en su propio jardín bajo el abrazo de enero. en las calles aún florecen los zapatos de los oficinistas sobre el aire persiste el perfume de las secretarias golpeando con su vulgar olor las delicadas narices de los bancos repletos de números y corbatas sedosas no ves viajar tus sueños más allá de las salas de cine y las tiendas de departamentos tampoco les ves quedarse en un lugar seguro fuera del alcance del fantasma del consumo y de otras bestias sin dientes les dejas salir un rato a respirar cerca de la gente a probar sus helados y oír sus conversaciones a fijar su rumbo sobre los baches que hacen del camino el único transitable mientras estés en condiciones de distinguir que afuera hay un mundo y unas vidas.

 

SOIR DANS LES CHAMPS ELYSEES

Escribe en perfecto francés las cartas que envía cada semana,  usualmente habla de todo tratando de no caer en la monotonía, pero sin ampliar demasiado el registro. A su lado , una mujer pequeña sostiene entre sus dedos un trozo de vidrio, se arregla el pelo creyendo ver su rostro en aquel pedacito de mundo que contempla sobre la vereda rodeada de traducciones de Verlaine. Más allá de la nostalgia, recuerda periódicamente aquella escena sin percatarse del flaco favor que se hace olvidando a Rabelais, Villòn y Chateaubriand, olvidando al niño terrible que bucea en la basura y se enreda con una bolsa plástica y los actos del Edipo de Guidè, mientras el frío de la mañana le parte la cara en dos.

 

ASCENSIÓN DE MARÍA MAGADALENA

Su cuerpo tendido sobre la silla. La sangre corre desde su cuello hasta los pies estropeando su vestido nuevo mientras la niña, sin darse cuenta baila alrededor suyo. Sus ojos tibios contemplan como la luz de la mañana Descubre poco a poco los rizos de su madre.

Les une la vergüenza, casi tanto como el hastío: Una llora su deshonra sobre la cama; la otra sólo llora en sueños. Atrás quedan el orgullo, la culpa. Lejos del presente voluptuoso e insípido el futuro aparece frente a sus ojos: una gran novela rosa, llena de príncipes proletarios, de botellas rebosantes de whisky. Sus amantes siempre esperarán en una elegante carroza Un tranvía que los lleve a casa.

René Olivares

RENÉ OLIVARES nació en Santiago en 1981. Publicó en 2000 la plaquette que titulada Arden Altares al Amanecer. Dirige la revista literaria electrónica 'Literanauta' ( www.literanauta.uchile.cl ).

  

RECONOCIMIENTO

Con el sonido del viento en mi lengua dibujé los rostros de lo que a mis ojos surgía. Y le dije al sol “levántate” y apareció el resplandor de las cosas y me dije que todo era bueno. Al pasar, mi boca se unía a los prados crecidos bajo el cielo como coros de viejas cúpulas. El mundo bailaba sobre las cuerdas de mi voz.

Y le dije al sol “detente” y el sol siguió su marcha desgarrando el paisaje tejido tras mis pasos como si un río nos separara y dejase mi cabeza cantando en el fondo.

Y mi lengua tropezó y todo fue noche.

 

LO QUE ESCUCHÓ EL CABALLO

Desnudo espero cartas que no conozco. Un corazón quieto, vivo, observa el vuelo de las aves y sus graznidos sobre las ciudades: el círculo sin centro con el que cubren nuestras cabezas. A momentos me decepciono del mismo viaje, con sus paradas y reclamos de los acomodadores. Los mismos galopes inertes. ¿Quién sabe si sea así el mundo? Son todas palabras de lo mismo. Nuestro sol se ríe de sus hijos con un gesto lúgubre e ilumina con su sangre las flores que crecen bajo su manto. Con el techo como cielo se abren y cierran puertas con palabras secretas. Sobran las bocas vacías. Ráfagas se suceden en la apagada tormenta. Llueven ríos en la estepa. Lobos en la niebla aúllan crípticos nombres a la luna. Cantan su soledad en la noche, apartados, juntos, todos. 

 

ANATHEMA

Por las noches se oye el susurro de hojas movidas por la procesión

Bajan desde las colinas más altas: Han sido encadenados a la tierra

Las alas rotas sangran manchan el suelo al salir el sol y ellos creen descansar un poco después del té antes de volver a bajar por las colinas

Joaquín Zuleta

JOAQUÍN ZULETA nació en Chillán en 1980. Licenciado en Literatura Hispánica por la Universidad de Chile con una tesina sobre La miseria del hombre de Gonzalo Rojas. Editor de Revista Ofelia y miembro del comité ejecutivo de la Toma Cultural Mago Oli (octubre 2002), ambos proyectos creados alrededor de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la antedicha universidad. 

 

LAR

La familia está de luto. No ha muerto nadie, pero está de luto. Se diría que han llegado ácimos visitantes o que el salón de los espejos de todos nuestros días reproduce infinitos ángulos en tonos diferentes:

cuatro figuras del mismo material, desiguales en altura pero proporcionales hasta en el gesto de sutil optimismo que nos define y en un mundo que según vecinas francamente no da para más, cualquier sonrisa es valorada.

Simétricos, sentados con ejemplar rectitud como columnas de un templo cálido y hermético, bebemos el té sobre el mantel, oportunamente abastecido. La sangre –bien comunitario que nos unifica con la tierra en que respira nuestro padre– preside nuestros actos y lava nuestros rostros justo como el primer día de vida.

Desde entonces vestimos un luto riguroso.

 

LA CENA

En la mesa el pan espera quien lo parta. Afuera el día entrega sus últimas luciérnagas a los muertos que asoman sus dedos del pantano. La madera cruje cuando los pensamientos preguntan por sus dueños en las habitaciones y los habitantes de la casa confunden nuevamente los nombres de padres e hijos.

Si dos habitantes llegan a encontrarse, supongamos, bajo un umbral, se mirarán a los ojos como en frente de un espejo que descubre en los gestos contraseñas antiguas –fiel reflejo de sus propias trizaduras– y diluye los rostros en una especie de agua verde hasta hacer irreconocible a un habitante de otro. Con una gravedad que se aprende con los años retomará su viaje cada uno por los achacosos pasillos de la casa como buscadores de tesoros o emisarios que demoran el camino por seguridad de sus cabezas.

El día se guarda bajo llave para que los niños no interrumpan el buen orden de los días y las noches. Una joven enciende las oxidadas lámparas. En la mesa el pan espera quien lo parta y permita a los ríos continuar su trabajo.

Los habitantes ríen al verse todos juntos con una cuchara de sopa entre los dientes. Tranquilos, con súbita alegría, descubren que han estado siempre allí, sentados a la mesa, conversando y callando.

Cristían Sandoval

CRISTIÁN SANDOVAL nació en Santiago en 1980. Cursó sus estudios secundarios en el Instituto Nacional, donde participó en ALCIN y colaboró en el Boletín del establecimiento. En 1997 ganó el primer premio en categoría juvenil del concurso Eusebio Lillo convocado por la I. Municipalidad de El Bosque con el cuento “Los Cirujas”. El 2000 publicó la plaquette El hombre del espejo con Pentagrama Editores y ha publicado cuentos en Cyber Humanitatis y en Literanauta, revista de creación y recreación. Participó en los talleres de la SECH y en el de Alejandra Basualto. Actualmente completa sus estudios de Licenciatura en lengua y literatura hispánica en la Universidad de Chile.

  

NOVÍSIMO GRITO EN LA FIESTA DE PRECUARESMA

¡Atención! que de la oreja surgen los grandes

El círculo está listo sólo faltáis vosotros con las manos en el pecho y abiertas de par en par las bocas sin persiana que soléis traer de bajativo para la función

He aquí el gran show no costó mucho montarlo tan sólo la nuez de Pandora, la carta astral de Jesucristo, la Guiadora por Delacroix, una bayoneta azul para clavar el pecho y estirar la gaya, toneles de vino, uno que otro mostrador, y por supuesto la venia de nuestras madres

¿Todos aquí?

Señoras y Señores, primero verán un narval lo cuida una hermosa dama de quien se dice está enamorado Y tras el telón el primer manatí que quiso ser golondrina Después el poeta que vuela con los dedos de los pies ofrecerá a la audiencia un lindo cazamariposas que podrán comprar repartiendo su tarjeta al mundo

Habrán payasos tristes y un ciego comprometido retará al circo de fieras

También conocerán al de verbo jíbaro que en su bolsillo trasero tiene las morras de los viejos

Vengan, una vez que descorra el telón no habrá cabeza sobre cuello: Tenemos al único HOMBRE capaz de remecer sus emociones Ni piedra sobre piedra ni mamífero arquitecto es más que él: un vidente un visionario un iluminado

 

Señoras y Señores:

EL HOMBRE CHILLÓN

Se me ha permitido interrumpir los mares y bajo el aleph hallé la canilla del universo: residía donde tanto torpe la ha hollado (si acaso no la rozamos con las cabezas o como yo con los pies -han de saber que nací boca abajo-  entonces ya era especial en vez de bramar el parto puse la mano en mi barbilla y sentí que debía hablar pronto aunque el balbuceo algo tenía de musical)

Leí cuanto pude desde pequeño hasta ahora que pierdo el tiempo con cada desplazamiento (si se nos fuera dado volar no sólo con las esperanzas) Obtuve una preciosa voz a chorros que endulza la miel y bilifica al inconsciente Por eso estoy aquí ante ustedes: les traigo una invitación

¿ha sentido angustia que de pie o jugando ajedrez no va a ninguna parte? ¿que el mundo no es justo con usted? ¿por más que juegue no evitará la vejez? El mundo no es el que debe y estamos todos fuera de él marginados los mejores crearemos un nuevo mundo donde todos seremos semidioses

No como el del fondo aquel Hombre Gris que anota todo lo que digo ¡Véanlo! Tanto tiene de cucaracho con su pecho encogido (dicen que algo le duele) Llora y se siente nada hace por el mundo que ve mal Cree que escribiendo salvará un par de almas ¡No actúa! ¡No copula! ¡No cree ni en sus propios sueños! No seremos como él Trabajaremos juntos por un gobierno mejor Reinará el amor y viviremos en libertad Todos hablaremos en poesía como hicieron los antiguos

Venid, venid a la función Escucharán mucho más En la pasada ciudad provocamos una revolución El tonto fue rey por un día y el más toda la semana Nuestros Artistas engendraron con las aldeanas al nuevo hombre libre Nada será jamás igual: El mundo es absolutamente perfectible por la Poesía.

 

FÁBULA PARA UNA MUJER ENCANTADORA

Los pulpos se aferran a las rocas con sus ocho tentáculos, con una fuerza inconmensurable. Allí radica su fortaleza. Para atrapar a un pulpo debe acercarse de a poco, sutilmente. Se le insinúa, con un palo o un fierro, hasta sacarlos de su ensimismamiento. Entonces, le muestra un poco de piel, el brazo, la pierna, por ejemplo. Así el pulpo le lanza sus podos, con sólo un par sujeto a la roca. Es todo suyo. Así es fácil matarlo. Ahora tendrá para siempre un pulpo aferrado a su cocina.

 

ESPERANZAS

Volvió al asteroide B 612. Un día sábado, hallaron en los campos de trigo un zorro muerto de un escopetazo. Nadie lloró por él. Las gallinas estuvieron de fiesta. El jueves los cazadores se las comieron con las muchachas del pueblo.

 

EN EL UMBRAL

y nosotros, hollaremos la tierra prometida la vieja casa el prado abierto todo lo que se ve aquí, desde el umbral?

 

PURGA

El zumbido acabó sólo cuando la mano lo atrapó con violencia.

Víctor Berríos

VÍCTOR BERRÍOS nació en Santiago en 1980. Técnico en Panadería y Pastelería. Licenciado en Literatura Hispánica por la Universidad de Chile, con una tesis sobre la ciudad en la poesía chilena del Siglo XX. 

 

CLOTO

    ¡no ha de cuajar tu fantasma entre mis brazos abiertos!                                  Gabriela Mistral

Aunque tu casa se transforme en callejones glaciares aunque tus comisuras se muevan como los relojes en el Sur y tu nombre suene a asombro en la orilla de los ríos: me dejaría llevar por el almíbar que fluye desde tu cabello por el ángel de ojos rojos que se posa en tus mejillas. Tengo la tentación de trazar líneas de nieve a compás por tu cuerpo jugar con pluma llena en tus contornos de paisaje matutino encontrar de pronto el interruptor donde se despierta cada aura. Confieso: imagino solo en las noches que en tu cama se escriben los libros que hay papeles incompletos esperando el regreso de Quetzalcoatl. Me he escondido en las baldosas del baño y observo como te duchas al óleo y te enjuagas con trementina. Sales hacia el cuarto coloreada a manchas, desnuda deseo abrazarte por la espalda, que mis manos tomen las tuyas, mientras tejen la prenda que te pondrás este día. Y verte después salir con ropa de invierno abrigada como los poemas que me faltan por leer.

TIENTOS

Versos para extraviar a los padres en un país de postales palabras que murmuren la voz del pueblo o retumben como la sílaba viajeras de un tren ultra-rápido que se detiene sólo en teatros desiertos frutos del pecado, contagio de angustia al lector pasante. Versos para transar con la culpa, ser libre para recolectar cantos y dientes, cuando quiera, un pasito antes o después del silencio .

RECITO

Recito poemas de otro frente al estanque reparando en cada venir de pupila la voz torna la tranquilidad en oleaje brisa, encabalgamiento y giro de páginas el ojo se cierra un instante y se dispara.

SAUDADE

                                    A Marion Barra Ramírez.

Serás madre antes y después pero mujer a hombre u hombre a mujer cuerpo y mujer antes que nadie carne a retazos, muslos, caderas, furor aire trocado por tu aliento raíz del mundo sostenida en tu boca.

Cuerpo madera, hierro las córneas forjada a tientas en fogón tu cara cortinas, paisaje, hasta en sábanas  descorres el lino, observas el cobre volver a su nicho, al bosque de sal.

La ciudad se construyó señalándote hija de tu discusión con el hombre aquél que eliges con un diccionario vacío entre las piernas que cosecho y muelo para cosa y cosa.

ACOTACIÓN

Todo ocurre en el living de su departamento. La escenografía es la siguiente: las murallas de la habitación parecen desvanecerse o alejarse el fuego de la chimenea recuerda y recuerda el agua la alfombra es de tonos verde-pasto y desprende animales y la música es similar al canto de pájaros que saben.

MENTOR

Miénteme o miéntame, me da lo mismo habla. Mándame las oraciones por gramática aérea impulsos eléctricos, fibra óptica telepatía en cables de cobre por teléfono sobre el humo, tal vez lengua a lengua como si buscara más allá del petróleo permíteme encontrar tus palabras.

GUSANO

Ven a ser camisa de cobre lame las ventanas de piel protectora dúo párpado ven para ser mi cami- sa: no de algas rojizas, no de globos, no de risa ni de sal, de lino honrada por la lluvia camisa y mampara.

PARA EMPEZAR CUATRO POEMAS

            I

Entender recoger  borrar borrar  recoger restos palabras manchan de blanco la boca un asiento recién liberado un aroma a sal remojada por el cobre por la lluvia.

            II

Recorrer a lamidas la fosa hecha por la palma solitaria restos de piel sabor a huella en la arena leer ansias de lamerse los ojos masticarse los párpados oír el zoom del barco que siempre estuvo partiendo desde Puerto Falange.

            III

Cerrar los ojos para ser imaginado por otros paraíso oftalmológico “se queman córneas con luz de lupa” humor y evaporamiento pensar recoger las cuencas que sobran para emprender la huida.

            IV

Soñar con el pie derecho el otro como trigo en la tierra sin uñas, más liviano con raíces a lo tubo desagua las entrañas el cobre del cráneo gotas de seso flatus de la tierra imaginar habitar la frontera del pie imaginar.