Presentación del libro Cartografía del éter, poemario de Damsi Figueroa

 

DAMSI FIGUEROA nace en Talcahuano en 1976. Egresa de la carrera de Pedagogía en Español de la Universidad de Concepción. Ha publicado el poemario Judith y Eleofonte (Concepción, Letra Nueva, 1995). Los poemas que presentamos en esta ocasión pertenecen al libro Cartografía del éter (Santiago, Ediciones del Temple, 2003).

 

ESTATUAS VENDADAS

para Yohanna Villegas

Hay cosas que sólo suceden en el amanecer Estrías del tiempo. En el amanecer el aire y la noche se besan. El aire, la noche y el agua se contemplan y se abrazan Sobre un ajado paño de la niebla. En los vapores de ese beso la umbra nace Diamante perdido, el segundo en que es parido el día.

En los vapores de ese beso viajan los poemas noctámbulos a refugiarse en sus sarcófagos de silencio. No los sorprenda la brillante luz del sol No los sorprenda que serían devorados como dulce carne, carne amarga por las bocas de los hijos de la luz.

En el amanecer se pueden ver mandalas en las nubes y en la arena se puede ver el ojo de pájaro en su centro, separando mandíbulas Abriendo           las desdentadas mandíbulas                           las nubias coloridas

                          Fauces de la flor.

Supe, este Amanecer, el Secreto de Las Estatuas Vendadas por la hiedra

Vi, a través del gusano y de su tiempo verdadero, las almas que los cuerpos de cera o de ceniza de roca, de arcilla o de madera siempre esconden.

Vi a Gepeto que estaba solo en su vejez envuelto por una maraña de hilos transparentes

Vi al anciano con la costra de su hijo entre las manos Segundos antes del amanecer

Vi a Midas llorando Lágrimas de sangre bajo el sol de invierno atado a la piel de oro de su hija

                    estrella que se vacía en un milagro efímero                     estrella que se fuga de su ciclo y cae                     como una tilde en el cielo de la umbra

Vi a la estatua con máscara de bronce arrancada de los brazos de su padre por la Sal Lágrima que comparte el destino de los pozos abandonados del desierto.

La hiedra es un manto que no abriga sino del ojo pernicioso de los dioses

                     tan secreto es el latido de la piedra                      tan minúsculo el segundo en que se mira                      tan secreto es el segundo en que se ama                      tan secreto y tan minúsculo.

El Día es el Martillo        que galopa sobre el cuero de las bestias Y las bestias tienen, a la vez, una sed inconsolable de aurora y de muerte.

Así como a las bestias a Las Estatuas, también se les debe hablar de amor.

 

POEMA VANO

Tres toros blancos o cuatro o cinco toros blancos corrían por tu sueño Y yo supe que soñabas porque golpeabas mi mejilla con arena Y yo supe que mi mejilla ya no era mía, sino en tu sueño, una pradera amarilla que llegaba                hasta el mar.

(Cuando viene en alas de miedo en grillos en olas de música inexistente el poema se transforma en una guerra

Cuando trae los puños apretados los ojos abiertos con centellas más verdades mueren sin palabras la vanidad toma su forma de rosa o elefante y nacen versos afilados malditos) Perdí el rostro Nunca más la expresión del dolor cabrá en su máscara vacía Escojo espigas maduras y con ellas cubro el hueco con ellas construyo una escalera interminable para emerger del sueño para detener el gesto homicida de tu mano arrancando cardos por la noche.

(Nuevamente un poema sin máscara y sin manto un poema atrapado en un cuerpo frío.

Una vida nueva sería cubrirse con un río)

 

 

SOBRE LOS BELLOS DURMIENTES

(Poema para ser escrito sobre los durmientes de la línea férrea)

 

 

Bajo la herradura de esta bestia me detengo. Vertedero de palabras solas se suicidan en mi nombre. Vuelva el papel al papiro a la planta. El origen se congela en renglones de madera, sacrificado por el hierro desdentado de una bestia omnipotente en otro tiempo, asesina de la tinta experta que enfrenta la vida como una experiencia de la muerte. ¡Adelante!, motora prefiguración del desastre. Ve esperando ser devorada por tus endemoniados sucesores cibernéticos, que ya deben oler sangre al otro lado del mar, sobre sus rieles de hielo.

 

EL HOMBRE LOBO

No es un lobo el hombre cuando se salva y brillan como agua sus ojos en el bosque Reconociendo en las sombras su designio, el hombre, aún cuando ama y mata sigue siendo hombre.

Es un lobo aquel hombre que aún salvándose Reconoce a los otros lobos y sólo ama y mata a los de su especie.

Hombre y lobo aman para romper los espejos

Sólo es un lobo aquel hombre que vuelve a mirarse en el espejo roto una y otra vez una y otra vez Aquel que tropieza con una soledad multiplicada fracturada y equívoca con el poema.

Yo no soy ni hombre ni lobo Yo soy la amante de ambos Por eso sé como baten la lengua sé donde esconden la presa el beso los restos de mi carne.

Yo soy de la especie a la cual pertenece todo aquel que se sabe alimento palabra alimento para perros para hombres para lobos.

 

ABRAZO EN TAURIDES

Para Carlos Henrikcson

Por una noche ácida y sin tregua arrastro el cuerpo de mi amigo Por el hueco confortable de su pecho mi noche, mi lámpara y su mueble la noche roja en la que escribo pasan.

Tan lejos de mi puerta silabarios de la lengua suya cabalgan un poema que se inclina sobre la espuma ensangrentada de mi boca o el recuerdo de la espuma ensangrentada de mi boca que en mi pecho hacen su lámpara y su mueble la noche roja en la que él escribe.

 

EL TIEMPO

Insomne la luz dispara dardos sobre los cuerpos Los cuerpos deben abrazarse Hasta hacer caer la noche A oscuras los abrazos deben repetirse

La noche debe caer sobre los cuerpos Oscureciendo los abrazos hasta hacerlos desaparecer El ojo debe desaparecer Para que los abrazos sean soñados

La oscuridad dispara dardos sobre los cuerpos En el sueño los cuerpos deben abrazarse A la luz del sueño la intermitencia de los abrazos debe abrir el ojo Para que los cuerpos despierten

 

CAUÑICÚA

Pedro Aguilera Milla

Transformada en la velocidad de la nieve cuando traspasa las heridas de la tierra

En pasto verde de ladera o manto de mallín en liquen vivo y reluciente                                             en su escarcha en agua y en serpiente

 

Transformada en el alma de un caballo para amar la flor    perdida de la grieta

Yo soy del aire del aire verde y alzado

Yo estoy más lejos de la sangre que del sol.

 

EL POETA

El cuajo de carne que olvidaron desmembrar hoy danza bajo el sol y entre las hojas espera un verso de la mañana

Viejo espíritu que se tumba entre las nubes

Sólo sabe olvidar su propia voz para cantar como el viento por la boca del árbol

Eternos cantos de sed

Eternos cantos de saciedad.

  

ESTACIÓN

Maldigo el beso del vino que se llevó las palabras La mano del hombre que le arrancó la lengua al vaso Afasia de los tristes y los locos Maldigo el silencio todo el dolor arrojado en esta mesa

He escrito un poema para resucitar a mi padre Para devolverle el entendimiento pero el carruaje también encierra su cisma de diamante y las almas prefieren, a veces, la cuenca vacía para depositar el eterno olvido de sí mismas.

 

EXECRACIÓN DE LA LUZ

Desde hoy viviré bajo la tierra Oír los pasos que arando con espinas, invocaron el miedo ahuyentaron el miedo para invocarlo nuevamente tan vano fue como sostener su Misterio

Me despido de la lluvia, crin del viento de la sal que se revuelca en los océanos Extrañaré las rocas retrocediendo hacia la playa eterna huida de espuma y sangre la sal sobre la llaga, su caricia

Desde hoy viviré bajo la tierra donde la salamandra teje su llama de coral y una serpiente roja late en el corazón de un magma extraordinario

Invocando el nombre de las aguas remotas vadearé los ríos que se abrazan los diminutos ríos que se abrazan y se quedan abrazados los diminutos ríos que conservan el pensamiento sin voz.