Presentación, por Francisco Robles

Les amants des prostituées Sont hereux, dispos et repus; Quant à moi, mes bras sont rompus Pour avoir étreint des nuées. Baudelaire, Les plaintes d'un icare.

Aquellas líneas con que Adorno y Horkheimer inician su exhaustivo diálogo sobre el fracaso del proyecto moderno, proponen desde ya una brutal crisis para la teoría crítica. La 'triunfal calamidad' [1] de la Ilustración, el signo de la paradoja que recorre las oscuras zonas del pensamiento occidental, pareciera ser la profecía que inmola al cuerpo mismo del discurso crítico, justo donde alcanza su punto de altura. El resplandor de las ruinas, aquellas huellas abandonadas por el paso fugaz de la razón sobre la tierra, se ha ocupado de hacer aparecer estos cuatro discursos que Sergio Monsalve apunta. Cuatro discursos, cuatro coordenadas que persisten y/o resisten la profecía profetizando, a su vez, un camino que inicia una bifurcación gradual de los modos críticos de la teoría social.

En primer lugar, importante resulta de estos Apuntes, el hecho mismo que aquí los convoca. Marx, Adorno-Horkheimer, Foucault y Habermas, son reunidos en una lectura que busca dar a conocer las grandes coyunturas de la teoría crítica, las puntas visibles de todo un extenso aparataje socio-cultural que se asoma desde el siglo XIX en Europa, en esta región que ausenta un discurso crítico que discuta hegemonía al europeo aun en su propia enunciación. Mucho se ha lamentado en Latinoamérica esta ausencia, pero también mucho subyace a esta lamentación: no sólo basta una discusión teórica de las premisas que a continuación Monsalve presenta, sino que es necesario desestabilizarlas desde el propio desajuste latinoamericano. Este ha sido el foco de grandes lamentaciones que ven en la práctica un inmenso abismo que separa las distintas realidades que se 'montan' históricamente. Ya Benjamin suponía que la pérdida de un sentido histórico único era ese borramiento de una síntesis originaria a la que el pensamiento debía aspirar. Ya el propio Lyotard en La condición posmoderna anuncia que su trabajo 'se trata de un informe sobre el saber en las sociedades más desarrolladas' y se excluye de un análisis a las condiciones marginales de ese discurso. Más aún, hacia la misma Europa que irradia su pensamiento a las distintas colonias que todavía conserva, nace un pensamiento que habla de estos márgenes para luego entrar a una discusión que los suspende sólo como un viejo telón de fondo: me refiero a lo expresado por Derrida, a esa 'lengua del otro' [2] que siempre estamos hablando, el código de lo que nos habita y habitándonos interrumpe cualquier silencio que no sea el silencio de la escucha del discurso 'central' (o el lapsus que en Baudrillard se manifiesta como contra-hegemónico del sistema actual) [3] . El margen del pensamiento rector de occidente, se propone, en nuestros días y en los anteriores, como un ruido, un murmullo que nadie, ni siquiera nosotros mismos como articuladores de ese balbuceo, podemos ni nos interesa ya escuchar.

En segundo lugar, este trabajo de lectura adquiere un nivel realmente interesante cuando conocemos su contexto político. Sergio Monsalve, como militante del Partido Socialista de Chile, expone estos aspectos de la dialéctica del método en la teoría crítica con el fin de dar a conocer el pensamiento de estos autores, legatarios del marxismo, en sus diversas visiones personales desconocidas, en abrumadora mayoría,  por la clase política chilena. Difícil tarea en una esfera que se mueve inversamente a aquel autómata de Kempelen con que Benjamin alegoriza el estado del materialismo doctrinario y su relación con la teología en la modernidad: para Benjamin, aquel enano feo que no debe dejarse ver y que todo lo maneja [4] , se exhibe en nuestros días como una cruda escena de la ignorancia crítica que pornografiza a la propia desvergüenza con que el discurso político se presenta. Tristemente fabuloso resulta ver como se oscila desde el total adoctrinamiento vivido en épocas anteriores (esa primera ausencia del discurso crítico) a la pérdida total de interés de una doctrina por otra que pretende establecer el fin de las ideologías como el fin de una guerra y el nacimiento de una pax duradera.

El arbitrario discurso pacificador con que se muestran diversos actores de nuestra escena política, demuestran el 'olvido activo', como diría J.L. Déotte [5] , que tiende, justamente, a borrar los márgenes que discuten y rebaten esa postura. Las esferas del poder, en el sentido más platónico, trabajan para limpiar los diferenciales o residuos que emanan a través de los diversos discursos. El debate se intenta jovializar, para así alivianar y acusar de 'conflictivos' a algunos que sacuden el remanso ya no con protestas, sino con palabras difíciles: dialéctica, método, teoría crítica, por decir las más básicas que hacen chirriar la vajilla del gran banquete de la política a-crítica actual. Esa mal entendida jovialidad irresponsable se ve inclusive en una suerte de estetificación, parafraseando a Benjamin y su conceptualización acerca del fascismo, como proceso auto-proclamado 'liberador': de la democracia pública a la publicitaria. Ya sabemos cómo la democracia de hoy se ha reducido a una libertad de elegir los productos que ofrece el mercado del capitalismo avanzado, como señala Jameson; y ya sabemos de la pérdida de voluntad para escuchar y aprender lo que 'activamente' se quiere olvidar.

Monsalve tiene como 'extraño' desafío exponer estos Apuntes a una comisión política que desconoce las bases de un pensamiento teórico-crítico sobre el cual debiera sustentarse. Monsalve es dueño de una 'jerga' que apela al fantasma del marxismo temido, no sólo para aquellos golpistas de antaño, sino también, hoy en día, para los que no quieren ser nuevamente empleados de un Estado: imagen simbólica y supersticiosa que se ha arraigado en el nuevo espíritu 'libertario'. La pax chilena que sólo acepta las mini-guerrillas de la farándula política como válvulas de escape, no es sino una vergonzosa huida de una discusión política-crítica. Es entonces cuando Monsalve acusa la trágica inversión del proyecto moderno en su pastiche, en su intento de borrar las diferencias: la universalización en las distintas esferas del desarrollo, la unificación de un lenguaje común a los actores sociales, obedecen ya a la universalización de la ignorancia de y en las bases críticas. El ícaro baudelairiano es el lamento moderno de una emancipación que, desde el inicio del proyecto, resulta contradictoria.

 

Apuntes sobre la dialéctica del método en la teoría crítica, por Sergio Monsalve

Introducción.

Desde el nacimiento  de  la  teoría  crítica,  a  mediados  del  siglo  XIX, hasta  ahora,  se  pueden  detectar  diferentes  etapas, formuladas en textos  claves. El  manifiesto  comunista (MC) año1847, de  Marx; Dialéctica de la ilustración (DI) año1944, de Adorno y Horkheimer; Microfísica del  poder (MP) año1978, de  Foucault;  y Teoría  de  la  acción  comunicativa (TAC) año 1981, de  Habermas.

En  la  medida  en  que  existe  una  relación íntima, necesaria y  contradictoria,  entre objeto y  método, podemos  sostener  que  cada  una  de  estas  obras descubre (método)  y  constituye (objeto),  al  mismo  tiempo, un  campo de  sentido  en  la  teoría social.

Alrededor   de   estos  autores  hay  un  conjunto  de otros  pensadores  que  les  complementan  y  modifican. Pero,  sin  intentar  desconocer  esas  contribuciones, que si son  necesarias a los  fines del  pensamiento puede  resultar  lícito citarlas, las ya mencionadas  permiten  recoger  las  tesis  fuertes  que  marcan  los  saltos, de  tal  manera  que  su  estudio  resulta  útil  para  realizar  un  balance  indispensable  del  estado  actual  de  la teoría crítica.

I.-  TEORIA  DEL MODO DE  PRODUCCIÓN.

Aún cuando el (MC) expone con  total  claridad su  teoría  del  modo  de producción,  el  mejor resumen  de  su  tesis se  encuentra  en  el prefacio a “Contribución a  la  economía  política” (1857), donde  propone  básicamente  las  siguientes  hipótesis:

1.-  La producción  social  de  la  vida  humana.

2.-  La  existencia  de  un  campo de  sentido  constituido  por  el  modo  de producción, que  compuesto  de  fuerzas  productivas  y  relaciones  de  producción,  organiza  la sociedad  en una  estructura  determinante, en  el largo  plazo,   y una  superestructura  determinada por la  anterior, formada  por  el  derecho,  la  política  y  las  formas  de   conciencia social.  En  una  frase:  el  modo  de  producción de la vida  material  condiciona  el  proceso  de la  vida  social,  política e  intelectual.

3.- Establece  un  curso  evolutivo  de orden  lineal, en  que  se  suceden,  por  causas  internas a  sus  estructuras,  los  modos  de  producción  asiático, antiguo, feudal  y  capitalista.

En  el (MC)  se agregan otras hipótesis  igualmente  significativas,  relativas  al estimado  tránsito  necesario desde el  modo  de  producción  capitalista  al  modo  comunista  de  apropiación  y  producción, resumidas  de la  siguiente  manera:

4.-  La  existencia  de  la lucha  de  clases,  que  en  el modo  de producción  capitalista  enfrenta  a  burgueses (dueños  de  los  medios  de producción)  y  proletarios (dueños  de su  fuerza  de  trabajo).

5.- La  constitución del  proletariado  en  clase  dominante,  por la  vía de  la  revolución, dando  lugar  a  un  estado concebido  a  la  manera  tradicional  como violencia  organizada de  una  clase  para  la  opresión  de otra.

6.- La  principal  tarea  del  estado  proletario es  transformar  el  modo  de  producción  capitalista mediante  la  centralización de  todos  los  instrumentos  de producción en manos de  este  estado,  porque  tal  decisión llevará  a la  supresión  de  las  condiciones  para la  existencia del  antagonismo de clase.

7.- El  puerto  de  llegada es  la sociedad  comunista: ”En  sustitución de  la  antigua  sociedad  burguesa,  con  sus  clases  y  sus  antagonismos  de clase,  surgirá  una  asociación en que  el  libre  desenvolvimiento de  cada  uno será  la condición del  libre desenvolvimiento  de todos”.

II.- CAPITALISMO  TARDIO  Y   REGRESION.

Dialéctica  de  la Ilustración (DI) fue escrita con el  telón  de fondo  del  nazismo, el  estalinismo y, particularmente, de la democracia  manipuladora. El  campo  de  sentido propuesto  por  Marx, que  esboza una  evolución lineal a  través  de  sucesivos  progresos  en  el modo  de  producción  es refutado  por una  fuerte  percepción  de  regresión.

La  tesis central de  (DI),  en cuanto busca  establecer  la  tendencia  social  objetiva  de la  época,  consiste  en  el  descubrimiento  de  una  nueva  formación  social  que  denomina capitalismo  tardío. Esta  se  diferencia del capitalismo  tradicional  por  la  emergencia  de la  industria  cultural  y  sus  dinámicas  manipuladoras.

La  síntesis de las  hipótesis descriptivas de esta  nueva  formación  social,  pueden  ser resumidas  así:

1.- La  Ilustración ha  perseguido  liberar a  los  hombres  del  miedo,  pero  se ha transformado  en el   engaño  total  de  las  masas.

2.-  Esta  regresión  al  mito está  directamente  vinculada al  aumento  de  la  productividad  económica  que  ha generado  el nacimiento  de un  aparato  técnico y  grupos  sociales  que  lo controlan,  dotados  de  una  inmensa  superioridad sobre  el  resto  de  la población.

3.-  El  sistema  social provee  mejor  que nunca  a  los  sujetos, pero  éstos  desaparecen en  su  interior.  El  enriquecimiento material del ser  humano  se  produce  junto  a  un  paradojal  movimiento  simultáneo  hacia una existencia  socialmente  miserable.

4.-  Esta  existencia  socialmente miserable  se  debe, en  forma  medular, al  surgimiento  de  la industria  cultural,  que  genera un alud  de   informaciones   y  diversiones  domesticadas que  corrompen  y  entontecen. El  pensamiento  se  desvanece  cuando  se  consolida  como  un bien  de consumo.

III.-  VERDAD   Y  PODER:  LAS  DOS  CARAS  DE LA  DOMINACIÓN  EN  EL  CAPITALISMO  TARDIO.

Si  en  (DI) se  produce  un  traslado  del  interés  cognitivo  desde  el  modo  de  producción  hacia  las  formas  simbólicas,  para  concluir  en  que  el  pensamiento  crítico  había  ingresado a  un  período  de  regresión,  en  Microfísica  del  poder (MP),  Foucault  da un  paso adelante  y  plantea   que  el  discurso  mismo  es  una  forma  de  poder.

La  tesis central  de  Foucault consiste  en  postular  que  la  dominación  es  la  estructura  clave  de  la  sociedad  del último tercio del  siglo  XX y  que  su  composición  interior   está  hecha  de  discursos-prácticas  o,   dicho  de  otro  modo,  el pensamiento  se  ha convertido en  una  forma  de  poder.

Esta  tesis, enfrentada al  desafío cognitivo  de las  formas  adoptadas  por  los  socialismos reales,  resulta  notablemente  eficaz,  pues  permite  intentar una  teorización  del callejón  sin  salida  que  conlleva  para  el  marxismo la  realización  empírica  de  la  centralización  estatal  de la  economía  y  la  no  menos empírica  persistencia  de  las  desigualdades,  acompañada de  brutales  dominaciones  en  esas sociedades que, según  la  teoría,  debieron  extinguirse.

Las  hipótesis  básicas  de (MP)  son:

1.-  La  destotalización de la  historia.  Mientras  el marxismo  proponía  un  campo  de  sentido  evolutivo  lineal,  y  Adorno - Horkheimer  concebían otro,  marcado  por  la  interrupción  y  regresión  del  pensamiento crítico, por su  parte, Foucault  sostiene la  imposibilidad de  proponer  un  campo  de  sentido en alguna dirección  determinada,  como  no  sea  las  dadas  por  las  luchas  y  estrategias  locales.  Sostiene: “La historia  no  tiene “sentido”, lo que no quiere  decir que  sea  absurda  e  incoherente. Al  contrario, es  inteligible  y  debe poder  ser  analizada hasta  su  más  mínimo  detalle: pero a partir de  la  inteligibilidad de  las luchas,  de  las  estrategias  y  de  las tácticas.”

Esta  concepción  desintegrada  de  la  historia, que  desgarra  un posible  sentido único, permite explicar  razonablemente  la  emergencia de potenciales  de  protesta  parciales  y  locales, como  el  feminismo, el  movimiento  gay,  de las etnias,  de  los  negros,  etc.

2.- El  intelectual  específico.  Como  directa consecuencia de su  concepción  negativa  del  sentido  de la  historia   y  de la imposibilidad  de  producir  un  concepto  genérico  capaz  de atrapar  y  explicar la  totalidad  de  la realidad, (MP)  postula el nacimiento de  los intelectuales   que  denomina  específicos,  que ya  no  podrán tomar  la palabra  en representación  de  todos,  como  lo hacían los  intelectuales  “teóricos”,  sino  que  luchan  contra  el  poder  desde  su discurso-práctica.

3.-El  régimen de  la verdad: ” La  verdad  es  de  este  mundo: está  producida  aquí  gracias  a  múltiples  imposiciones. Tiene  aquí efectos  reglamentados  de  poder.  Cada  sociedad  tiene su  régimen de  verdad, su  “política general  de  la  verdad”:  es  decir, los  tipos  de  discurso que  ella   acoge  y  hace  funcionar como  verdaderos;  los  mecanismos y  las instancias que  permiten  distinguir los  enunciados  verdaderos o falsos, la  manera  de  sancionar  unos  y  otros;  las  técnicas y  los procedimientos que  son  valorizados para la  obtención  de  la  verdad; el  estatuto de  aquellos  encargados de  decir qué es lo que funciona como  verdadero.”

4.- La productividad  del  poder.  Foucault  descubre  además  del  aspecto represivo  del  poder,  un  aspecto positivo,  es  decir,  produce cosas,  induce placer,  forma  saber,  genera  discursos,  de  tal  modo que  facilita  su  imposición.

IV.-  RACIONALIDAD  COMUNICATIVA: CAMBIO DE  PARADIGMA.

La  Teoría  de  la acción  comunicativa (TAC) plantea  un giro radical  en materia  metodológica. Sostiene  que  la  teoría  crítica  se  empantanó  porque  quedó   limitada  por  la  filosofía  del  conocimiento subjetivo. Aún  cuando  el  descubrimiento y  crítica  de  la razón  instrumental  permitió  captar la  detención  del  impulso  liberador  del  pensamiento, al  continuar  operando con  la  metodología  cognitiva  del  sujeto,  determina  el  fracaso de  la  teoría  crítica propuesta  por  (DI).

Este  estancamiento  radica  en  la  posición  epistemológica de  la  filosofía  de la  conciencia,  que  supone una relación  entre  sujeto  y  objeto  desde  la perspectiva  del  sujeto  cognoscente( que  se  apropia lo  real  mediante  las  representaciones) y  agente( en  tanto  interviene y se  apropia  de  lo  real). Pero,  esta  postura  desconoce  la perspectiva  del  objeto  percibido y  manipulado. De  ahí  que  no ofrezca  ninguna  explicación  de la instrumentalización  de  las  relaciones sociales  e intrapsíquicas,  vistas  desde  el  interés  de la  vida  social  violentada  y  deforme.

Habermas  propone la  sustitución  de  la  filosofía  del  sujeto  por  la  filosofía   del  lenguaje,  desplazando  el  paradigma  de una conciencia subjetiva  que  se  representa-apropia de  objetos,  y  en  su  lugar  ofrece  el método del  entendimiento  intersubjetivo  no  menoscabado.

(TAC)  coincide  con (MP)  en   postular  la  imposibilidad  de  un conocimiento  completo  de lo  real,  pero  se  diferencian  en que mientras  este último  postula  el sin  sentido de  la historia y  la  negatividad cognitiva, el  primero propone una  pluralidad  de  sentidos  posibles, implícitos  en la  racionalidad  comunicativa.

Las  hipótesis  básicas  de  (TAC)  son:

1.-  El  cambio  de   paradigma.  Propone   el  reemplazo de  la  filosofía  del  sujeto  por la filosofía  del  lenguaje.

2.-  La  racionalidad  comunicativa constituye  una  forma  de  conocimiento sustentado  en  relaciones intersubjetivas basadas  en razones.

3.-  La  socialización  no  represiva.  El  método  intersubjetivo de  conocimiento   permite  constituir un  objeto social  compuesto por  relaciones intersubjetivas  estructuradas  argumentalmente, esto  es, desplazando la organización  del orden social  basado en determinaciones   coactivas.

V.- DIALÉCTICA  DEL MÉTODO CRÍTICO  Y FORMACIÓN  SOCIAL.

Hemos podido  observar  que  desde   mediados  del  siglo  XIX,  en  que  surge  la  teoría  crítica,  hasta  fines  del  siglo XX,  se produjo una  clara  evolución,  pudiéndose  hablar  de, al  menos,  cuatro  teorías  críticas.

Todas  ellas  reconocen  como  fuente  de  su  tradición, a  Marx, gestándose  diferencias sobre un fondo  común  conceptual.

Sin  embargo, cabe  preguntarse  acerca  de la  motivación  de  las  claras  diferencias.

En un intento  de  respuesta  a  esta  evolución, puede  sostenerse que  la  posibilidad  de  distinguir  las  cuatro  etapas  descritas, se  sustenta  en  la  capacidad  de  cada  una  de  ellas  para proponer  un  campo  de  sentido  socio-histórico. Así, Marx  postula  una  cadena  lineal  de modos  de  producción,  cuyos  cambios  se  gestan  al  interior  de sus  propias  estructuras  contradictorias. Adorno y Horkheimer  detectan un  cambio de  dirección,  una  regresión,  en el  programa ilustrado.  Foucault,  a  su  vez, sostiene  que  no  hay  sentido  histórico,  sino  posibilidad  multidireccional  de  los sistemas  de poder,  a impulsos  de las  luchas  locales.  Habermas,  por  fin, concibe  la  existencia  potencial,  al  menos,  de construir  una  racionalidad  histórica  comunicativa,  abriendo  una  dirección,  desde  la  presente  dominación hacia  formas  no  represivas  de poder  político.

¿Que ha motivado esta  evolución teórica?

Una  respuesta  podría  sustentarse  en  la  existencia  paralela  de  categorías de  estructuras sociales  cambiantes  que  acompañan  a  las  categorías  metódicas.  El  modo  de  producción  y, particularmente,  el modo  de producción  capitalista, en  Marx.  El  capitalismo  tardío, en  Adorno  y Horkheimer. 

En  el caso  de  Foucault  y  Habermas,  me permito  ubicarlos  en  el  período  que  algunos  pensadores  han  denominado  cambio  de  época. Pero,  como  esa  categoría  no  pareciera  ser  de  fácil  inserción  dentro de la  tradición  de  la teoría  crítica,  preferiría  pensar  que    ha  tenido  lugar  una  transición  desde  una formación  social a  otra.

Mientras  Foucault  pone  el acento  en la  situación  de transición en  sí misma, con  sus fenómenos  de  bifurcación, dispersión  y  perturbaciones de  sentido, Habermas dirige  su  mirada   hacia  las  nuevas  estructuras que  se  tienden  a  estabilizar.

Mas,  esta  clase  de transición  no  ha  sido  desde  un  modo  de producción  a  otro, porque  aun  cuando la estructura  económica  no  ha  desaparecido,  lo  que  parece  haber ocurrido  es un  desplazamiento  de  la función  determinante  que  a  ella se  le  asignaba  en  los  modos  de producción.

La  función  determinante  en la  nueva  formación  social se  ha  radicado  en  las  relaciones  sociales electrónicas portadoras  de  símbolos, información y  comunicación.  Ha  sido  Poster (1984)  quien  propuso la  nueva  categoría  de  modo  de  información,  definiéndola  como  formas  de  experiencia  lingüística  que  han  aparecido  en el  curso  del  siglo XX. Y  agrega: “ No  pretendo  afirmar  que el  modo  de  información  reemplace  completamente al  modo  de producción;  la sociedad no  podría  seguir funcionando  sin  la  producción  ininterrumpida  de mercancías. Tampoco  digo que  el  modo de información  constituya el  tema único, ni  siquiera  el  tema  central,  de la  teoría  crítica.(...)  Lo  que  sí digo  es  que  el campo  social  está  cambiando  rápidamente,  que nuevas formas de interacción  social  basadas en  los instrumentos de  comunicación  electrónica están  reemplazando a  tipos  anteriores de  relaciones  sociales,  y que  el  lugar de la  experiencia del  lenguaje  es  una  zona importante de  la  nueva  estructura  social.”

Como  puede  apreciarse,  existe  una  interesante  correspondencia  entre  un  tipo  de  formación  social  y  la respectiva  propuesta  teórica.  Al modo  de  producción  capitalista  tradicional,  capitalismo  tardío, transición  hacia  otro  tipo  de formación  social, y modo  de  información,  siguen reformulaciones conceptuales notablemente  recogidas  por  los  autores  mencionados.

La  distinción de estas  etapas  permite  sostener  una  relación  dialéctica  entre  formación  social  y  pensamiento que  implica  un  reforzamiento  de  la  conocida  tesis  marxista  acerca  de la  determinación  histórica  de  la conciencia  social.  

Al  mismo  tiempo, esta  evolución  conceptual  requiere  de  una particular  disposición  metodológica  de  la  teoría  crítica para  dotarse  del  instrumental necesario en  orden a registrar  las  modificaciones, significativas  o  no,  que constantemente  sufre  la  sociedad,  debido  a  que  no  siempre  se  puede  captar con  rapidez el  alcance  de  estas mutaciones.

[1] Adorno-Horkheimer, Dialéctica de la Ilustración.

[2]Jacques Derrida, El monolingüismo del otro.

[3] Jean Baudrillard, La transparencia del mal.

[4]Benjamin, Sobre el concepto de historia..

[5] J-L Déotte, Catástrofe y olvido.