Indice del libro

 

Santo Domingo, República Dominicana: Ediciones Ferilibro, 2004.

 Indice

 

Introducción

Capítulo 1: La obra Una escritura en proceso El americanismo Meditación sobre el ser americano y caribeño Las etapas en la obra de Neruda Estructura tripartita de la obra nerudiana El ser americano y la suprarrealidad

Capítulo 2: El mito y el ser americano y caribeño El pensamiento mítico El ser americano y caribeño como mito fundamental El ser americano com oestructura mítica Los roles del hablante La búsqueda y el ser americano

Capítulo 3: El ser americano y el tiempo Lo diurno y lo nocturno Los mitos del tiempo El cambio del tiempo americano

Capítulo 4: El ser americano y caribeño y el espacio Mitos uránicos y mitos telúricos La imagen genésica y la genérica Los mitos del espacio americano y caribeño Mar y tierra en el ser americano y caribeño Lo vegetal y lo mineral Marco mítico general

Capítulo 5: El joven sujeto americano El mito del ser americano como región áurea El ser americano ideal: Entusiasmo y perseverancia Lo nocturno del ser americano

Capítulo 6: La palabra americana El ser americano como ciclo Los ritmos del mito americano Los mitos nerudianos America Latina, el Caribe y el ser americano La poesía última de Neruda

Capítulo 7: Los mitemas del ser americano y caribeño Canto general, una obra ontológica

Género y estructura dramática de Canto general Las constantes de un modelo cambiante

Capítulo 8: Conclusiones Mito e historia Treinta años de un Premio Nobel

Bibliografía

Capítulo 6: La palabra americana. Por Manuel Jofré.

EL SER AMERICANO COMO CICLO

Corresponde a Raimondi una aguda percepción acerca de lo que es el mito, cuando dice: 'En el ciclo solar del día, en el de las estaciones del año y en el inorgánico de la vida se ofrece un único modelo de significado; partiendo de él, el mito construye el relato central en torno a una figura que es ya el sol, ya la fertilidad vegetal, ya un dios o un héroe'. [1]

Hemos visto cuán importantes son los ciclos solares en la poesía de Neruda, y cómo las estaciones del año tienen una vigencia diacrónica a lo largo de toda su obra y cómo se manifiesta la estructura del día mítico. Esto en cuanto el tiempo es considerado un factor central en el ser americano dentro y fuera de la escritura nerudiana.

 También se ha percibido cómo se expresa, especialmente en Residencia en la tierra, este ciclo bio-orgánico de la materia central (Ya sea en el tránsito de la primera a la Segunda residencia, o considerando la estructura que los “Tres cantos materiales” imprimen a la Segunda residencia).

Con respecto al día, las estaciones del año, la vida y las materias ofrecen un modelo único, que es presentado como una narración primigenia, originaria, en torno a la figura que es la energía, el sol o la fertilidad concentrada en lo vegetal.

La energía-materia está metaforizada en este poder plural, este origen de diversas caras, que es, en la primera poesía de Neruda, a veces, el sol, o los árboles, y luego la tierra, e incluso el propio cielo.

Frye, al referirse al poema, dice que en la fase arquetípica el poema imita a la naturaleza como proceso cíclico regido por recurrencia o periodicidad, proveniente  de la experiencia solar, climática y agraria, pero básicamente del ciclo central sueño-vigilia. Esto haría que la poesía de Neruda se volviera un centro generador, al ser como la naturaleza. [2]

Certera es también la doble cara del ser americano, basado justamente en el ciclo del estar despierto y estar durmiendo. Aquí estaría también el origen de las poéticas duales nerudianas.

Frye argumenta, tal como lo han sugerido otros estudiosos, que el poema imita a la naturaleza de la manera en que la escritura y el mundo presentado en Neruda intenta imitar el ciclo de lo vegetal, viéndolo como un proceso cíclico con regularidades y recurrencias. En realidad no se trata de imitación, sin embargo, se trata de que el mismo ritmo de lo vegetal está en el lenguaje, en el día, en el tiempo.

El origen de lo vegetal viene de que lo vegetal es una cosa intermedia, situada entre lo terrestre y lo aéreo y así el origen de lo vegetal está en la evidencia del poderío solar, en un mundo agrario que asume la experiencia solar.

Todo esto tiene como modelo la alternancia del dormir y el estar en vigilia, por eso  dice Frye que en el poema persiste la diaria frustración del ego, que lleva a parejas el despertar nocturno de un yo titánico. [3] Justamente, en la primera poesía de Neruda está la diaria frustración del ego, la imposibilidad de realización en lo social, la provincia y la burocracia, el sin sentido de la vida urbana.

Todo esto acontece durante el día, en oposición al despertar nocturno de un yo titánico, de la expresión de una subjetividad sumamente poderosa. 

Mircea Eliade ha escrito que el mito es un 'modelo ejemplar de todas las actividades humanas significativas', que el mito es una 'experiencia de lo sagrado', que los mitos se presentan como hierofanías, esto es, manifestaciones de lo sagrado. [4] Aquí se argumenta que estas experiencias, fundadoras del ser americano, varían de obra en obra, por ejemplo, de la epistemología de Residencia en la tierra a la ontología de Canto general. 

El mito, sin duda, es un tipo especial de narrativa, que cuenta el inicio de algo ejemplar con eventos universales relevantes, y esta historia verdadera es sacra, y consiste en una orientación para realizar actividades concretas, hacia una manera de pensar específica. Esto es, definitivamente, lo central en la escritura nerudiana.

Como se aprecia, siempre están en juego sistemas simbólicos que son agrupaciones de estructuras míticas. Los simbolismos centrales, son, primero, de índole celestial, solar y lunar, por una parte; en segundo lugar están los simbolismos acuáticos, telúricos, vegetales y animales; en tercer lugar, los simbolismos espaciales, temporales y de la búsqueda. Todos ellos conforman el ser americano, como se ha visto.

Desde otra perspectiva, Van der Leeuw declara que el mito 'comunica una idea del mundo, pero en una serie de sucesos, acciones y padecimientos'. [5] Esta definición también permite visualizar que aquí lo que leemos es la estructura mítica del ser americano tal como es propuesta por la escritura nerudiana.

LOS RITMOS DEL MITO AMERICANO

Volviendo a Frye, él dice que 'en el mundo divino el proceso central es de muerte y renacimiento, o de reencarnación y alejamiento, de un dios solar, que muere de noche y nace al amanecer, o de un dios de la vegetación que muere en otoño y revive en primavera'. [6] Esto es apreciable en la poesía de Neruda en varios aspectos. 

El mundo nerudiano es un mundo material,  físico y sagrado, a la vez, donde, en efecto, el proceso central es la muerte y renacimiento, la destrucción y generación de la materia real.

Con los procesos de creación y su supremacía o en relación con los procesos de destrucción, se arribará a las concepciones solares uránicas, celestiales y estelares, que se originaron principalmente en la primera escritura nerudiana, de 1917 al 1922.

Este dios solar, esta energía principal, esta materia física fundamental muere de noche y nace al amanecer y es también como un dios de la vegetación, que no está tan afecto al ciclo solar del día como al ciclo anual de muerte en otoño e invierno, que revive en primavera. 

Como se ha dicho, para Frye, el imaginario central en la estructura de la búsqueda que él plantea, es el ciclo imaginativo de la vigilia y de la vida onírica, donde 'una líbido titánica despierta cuando el sol duerme y la luz del día es a menudo la oscuridad del deseo'. [7]

 El planteamiento de Frye sugiere que las fuerzas creativas del subconsciente emergen potencialmente en la noche, y en cambio, la frustración y el deseo no realizado es lo que se expresa en la oscura luz del día. Se explican así los días pálidos y nocturnos de Neruda y la noche plena de posibilidades. 

La expresión de las estructuras míticas en Neruda es, como se ha venido visualizando, extraordinariamente compleja.  Habría que ver, por ejemplo, más finamente, cómo se plasma el fuego en el ciclo diario solar, en el ciclo anual solar, y en el ciclo lunar de tres momentos. Habría que ver también el comportamiento de lo vegetal en el ciclo anual de las estaciones con más precisión, o el ciclo de las aguas que va de la lluvia hasta las fuentes o ríos y luego al mar o la nieve.

De todo ello se desprendería, como primeras conclusiones, que la vida civilizada, en la poesía de Neruda, está asimilada al ciclo de lo orgánico y de lo natural inorgánico, y que la narración, que se plantea en estos mitos, puede ser entendida como mitos discursivos o estructuras míticas. Esto no puede ser excluido del ser americano.

El mito central, en cuanto se considere a la superrealidad, es un conflicto entre la realidad y el deseo, esto es, la atracción por la armonía de la naturaleza y su capacidad regenerativa y el asombro y rechazo con respecto a un mundo humano pobre y decadente. 

Frye también ha declarado que 'la forma fundamental del proceso es el movimiento cíclico, la alternancia de éxito y declinación, esfuerzo y reposo, vida y muerte, lo cual es el ritmo del proceso'. [8] Lo interesante de la definición de Frye tiene que ver con su concepción de ciclo como una instancia de transformación, de una circunstancia a otra, en un movimiento que se volverá a repetir constantemente.

 'Éxito y declinación, esfuerzo y reposo, vida y muerte'. Esto es lo que se intenta descubrir ontológicamente, al estudiar la materia propuesta en la poética nerudiana simultáneamente como exploración y configuración de lo real, y este es el ritmo más complejo de percibir en el conjunto de su obra.

LOS MITOS NERUDIANOS

Finalmente, consideremos que, por ejemplo, Jury Lotman estableció claramente que el pensamiento mitológico y el pensamiento no mitológico coexisten en una sola conciencia,  que el pensamiento mitológico afirma identidades, analogías y equivalencias, y que principalmente lo mitológico es un tipo de semiosis.

 Consideremos, además, que en relación a las estructuras míticas textuales, Greimas ha sugerido que todo relato da una impresión de equilibrio y neutralización de las contradicciones, que buscan construir imaginativamente historias, argumentos, fábulas, estructuras de signos, que proponen a su vez un diagnóstico. Todo esto clarifica aún más la percepción del ser americano que se sustenta aquí. 

De acuerdo a Greimas, entonces, el relato implicado en la sucesión de los poemas permite una posibilidad de transformación de los primeros contenidos investidos. [9] Esto es, se busca superar el diagnóstico de lo visto inicialmente hacia otro estado, y estos textos nerudianos justamente son las disyunciones del ser americano, perceptibles como mediaciones múltiples entre la estructura y el comportamiento, entre la permanencia y la historia, entre la sociedad y el individuo.

Se concluye, una vez más, que hay un mito diacrónico que se extiende,  reformulándose,  a lo largo de toda la obra cronológica escritural nerudiana, y que está hecho de diversas representaciones epocales, es decir, de la presencia de versiones sincrónicas de un mito diacrónico, que queda expuesto parcialmente como cristalizado  cada vez.

En el conjunto de los momentos cíclicos que componen el mito solar, el mito lunar, el mito del amor, o en cuanto al tiempo; a la estructura de la materia, de lo mineral, de lo vegetal, en cuanto al espacio;  en todos estos momentos,  se visualiza en la poesía de Neruda un predominio del ciclo global  integral por sobre la fijación de un solo momento. Tal como decía en el poema “Nocturno”: “pienso en todo”. [10]

Aunque en su obra, inicialmente, la destrucción anteceda,  esto es, aparezca con  frecuencia, y con mucha extensión en lo poético nerudiano, evidenciando la presencia degradada y negativa del mundo, sin embargo, los aspectos creativo-regenerativos, de renacimiento de lo real, serán más importantes, pero tal vez menos visibles (al ocupar una dimensión tal vez menor en versos). Hubo allí un reconocimiento inicial de la plenitud.

También se reconoció la destrucción, de manera inicial, los procesos negativos de lo real. Antes de establecer un conjunto mayor de conclusiones, convendría recordar dos aspectos importantes desarrollados por Saúl Yurkievich en relación con las características de lo mitológico en Neruda, al referirse, a una 'energía metamórfica de una imaginación naturalizante, penetrante, materializante, orgiástica  que ansía concordar con las fuerzas genésicas del cosmos, por inmersión in media res, por instalación en el núcleo primordial, en el centro energético, las creencias y destrucciones de la tierra y el mar'. [11] Vaya retrato del ser americano nerudiano y caribeño.

 Habría en la poesía de Neruda una energía que va más allá de las formas, donde lo central será una imaginación, una concepción discursiva integral, naturalizante, que se deposita de manera agresiva y bélica,  penetrante, en la naturaleza, centrada en lo físico y en lo material, en el desborde y en la manifestación amplia trascendente, donde se ansía.

Concordar con la fuerza genésica del cosmos,  esto es lo que quisiera el hombre. Este es un proceso de cambios, que se da como una inmersión, una inclusión en el centro de la cosa, en el centro del objeto mismo, en un núcleo primordial.  Este centro es el lugar de la regeneración y de la superación de la destrucción,  en la tierra y en el mar, fundamental y estructural al ser americano.

En segundo lugar, habría que recordar otra afirmación de Yurkievich: 'Sus motivaciones centrales: el vértigo cósmico, la imaginación compulsiva, penetrante, sumergible,  que busca instalarse en el núcleo energético de la materia, el erotismo, materializante, lo genético y genital,  la interacción, entre todos los órdenes de la naturaleza'. [12]

Estas motivaciones centrales del mundo nerudiano son importantes.  El vértigo cósmico es aquella energía ascendente y aérea que está en Neruda.  A partir del espacio del sur de Chile nocturno,  quiere caer de día sobre la tierra en una imaginación compulsiva penetrante.

Esa fuerza ascendente quiere llegar al núcleo energético de la materia, en efecto,  para comprender y analizar las instancias de lo real, realizar un acto erótico sobre material genético, genital, genésico, donde se pone también en juego una gestión simbólica, rica, entre los diversos ordenes de la naturaleza, estableciéndose relaciones entre las diferentes instancias naturales.

AMERICA LATINA, EL CARIBE Y EL SER AMERICANO

En la constitución del ser americano en la poesía de Neruda hay muchos aspectos que deben ser tomados en cuenta. En primera instancia hubo un predominio de los soleados campos australes del sur del Valle Central chileno. Luego, vino el crepuscular paisaje capitalino, urbano, santiaguino.

El paisaje del este asiático no se vio, en cambio, inmediatamente reflejado en la escritura nerudiana, aunque podría argumentarse en pro de una poética zen budista en algunos de los poemas de la Primera Residencia.

Como se ha dicho, los cambios que afectan la poesía nerudiana influirán decisivamente en su escritura y su visión de mundo y de lo real, a partir de 1936. La conversión de Pablo Neruda, postulamos, es gradual y contextualizada, e incide en su idea del ser americano.

La radicalización acontecida en “España en el corazón”, y la permanencia en el extranjero conduce también a una poesía sobre Chile, en primera instancia, la cual se irá transformando en Canto general, a lo largo de varios años. El descubrimiento de América Latina por Neruda acontece en los años de la Segunda Guerra Mundial.

El arribo en México, en 1940, incentiva el incipiente núcleo de poemas que se concretará, en  1941, en “Un canto para Bolívar”. En la idea de canto y lo americano representado por el padre Bolívar, está la magnitud oculta de Canto general.

La argumentación central aquí es que el ser americano es el sujeto en los primeros años (1915-1935), luego el espacio social (1936-1957) y finalmente una combinación de ambos, desde 1958 en adelante.

En 1942 se publica “América, no invoco tu nombre en vano”,  y en 1943, con la visita a Macchu Picchu,  y a otros países latinoamericanos, se fortalece una poética globalizante que pueda abarcar toda esta producción, desde los hechos históricos de los invasores europeos hasta la previa épica de los nativos naturales que vivieron antes en la tierra americana.

“Alturas de Macchu Picchu”, publicada en 1945, significa el triunfo del americanismo, del indigenismo y del marxismo, en la obra de Neruda y en la consiguiente patentización del ser americano.

El elemento que ha sido la constante vertebradora de toda la obra nerudiana, la tierra, ahora es la madre tierra. Frente a ella, se descubre la pequeña muerte individual y la muerte verdadera de todo un pueblo, producto indomado de la tierra americana.

Todo esto proceso aparece sintetizado en “Las flores de Punitaqui”, de Canto general, en la dimensión chilena. Estas flores se convertirán, rápidamente, en el pueblo, que como un árbol, crece y se expande, como principio masculino.

Los avatares del  ser americano en Neruda van a la par del proceso constructivo de Canto general, donde el ser americano llega a su máxima exposición y profundidad. Lamentablemente, constituyente también del ser americano (y tal vez universal) es la traición, la dictadura violenta sobre la bondad de la tierra y el pueblo.

“La arena traicionada” data de 1947 y sus textos ya no se refieren al pasado americano sino que al presente. Neruda tiene que necesariamente armonizar una sola visión para incluir en su libro lo que había del ser americano antes de la llegada de los españoles, la historia de la invasión posterior, la colonización, el inicio de las luchas libertarias, e incluso, los eventos de su presente.

Es así como la epopeya de los nativos americanos se transforma en la historia de los españoles y luego en la crónica de mediados de siglo. La épica de lo tiempos pre-hispánicos emerge en “La lámpara en el tierra”, sección primera de Canto General y luego vendrá, como apoyo, “Alturas de Macchu Picchu”. Estos textos están en consonancia con la cosmogonía que se incluye en “El gran oceáno”.

En Canto general, el poeta realiza un pacto de sangre con el pueblo. Afirma la continuidad de la lucha. Y se incluye él también, como poeta hablante, en “Yo soy”, en una contextualización decisiva que da inicio a la poética autobiográfica.

Podría, pues, decirse, que en “Alturas de Macchu Picchu” está la principal manifestación del ser americano. Se asciende y se desciende a Macchu Picchu. Es parte de lo magnífico de las civilizaciones precolombinas. Es la comprobación final de la importancia de lo social.

 Recapitulando: la primera experiencia fue la de la tierra austral, y allí se hizo un primer pacto con la tierra y lo vegetal. Luego, gradualmente creció el intento totalizador del ser americano, orientado hacia Canto general.

LA POESIA ULTIMA DE NERUDA

A lo largo se este trabajo se han examinado las diferentes poéticas nerudianas, que se plasman en Veinte poemas de amor y una canción desesperada, en Residencia en la tierra, en Canto general, en las Odas elementales, en relación con el ser americano.

En la última década de producción poética nerudiana, de 1964, fecha de la publicación de Memorial de Isla Negra, destaca una constante revisión autocrítica por parte del poeta.  Desde los años 50 viene creciendo la poética autobiográfica, que permite la inclusión de lo individual en lo poético. Se busca la síntesis, el equilibrio, la adecuación del yo con lo real, la proporcionalidad entre lo lírico y lo narrativo, el justo medio entre lo personal y lo social.

Esta inclusión autobiográfica no es una mera nostalgia del pasado ni una crónica del presente. Se busca la armonía de las partes, que se integren las poéticas que se dieron antes aisladamente. Se descubren las voces de muchos Nerudas que deben ser integrados dentro de una escritura global.

Así, lo político entra tanto por vía de la concepción de lo social como por el lado de lo personal; de la misma manera, lo testimonial, como actitud, es a la vez histórico y colectivo, por un lado, y personal y propio, por otro.

Y es justamente en la obra póstuma que emerge como parte del ser americano a esa altura de la vida (1973), un estoicismo, un equilibrio final, un rasgo clásico y apolíneo que incluye una resignación altiva frente a los eventos de muerte personal y muerte de un proyecto político progresista.

En la  postulación del ser americano de las Odas Elementales (1954-1957), la poesía es una crónica de lo real, donde el hablante se hace invisible, para dejar, con tono celebratorio, la omnipresente fenomenología del objeto. El deber de la luminosidad implica la escritura de fábulas, estructuras didácticas, llenas de optimismo, en lenguaje cotidiano, que traen la plenitud del ser en finales sentenciosos, y donde el poeta da todo para los otros.

Los viejos poetas simbolistas, para Neruda, estaban marcados por el yo, pero él ya no lo está. La poética de la claridad, que había comenzado en el primer volumen de las Odas elementales, tiene un hito sobresaliente en Estravagario, donde el poeta declara que “cosas oscuras y claras que son sin embargo una sola”, [13] o que “toda claridad es oscura”. [14] Al mismo tiempo se descubre que no ha sido un solo ser sino varios.

La aceptación de la oscuridad, de lo personal, de los sentimientos caóticos del sujeto es “porque la madre tierra es oscura y yo soy oscuro”, como dice en “Pido silencio”, de Estravagario. [15] Por eso puede decir, en el verso final de Plenos poderes, “a plena luz camino por la sombra”. [16]

Esta contraposición entre luz y sombra, entre colectivo e individual, que caracteriza el ser americano diseñado por Neruda, se yuxtapone a la polarización entre ser y no ser, también explícita en estos textos. Dice también en Plenos poderes: “no me canso de ser y de no ser”. [17] Y agrega en Memorial de Isla Negra: “ser y no ser resultan ser la vida”. [18]

Este sentido de integración de momentos independientes en combinaciones binarias que polarizan está presente en Neruda y en el ser americano. Los opuestos se hacen una unidad, la síntesis impera por doquier, la dialéctica por fin se ha realizado, completándose el ciclo.

Por eso, en Las manos del día, en “Es así el destino”, dice: “La vida, es decir, la muerte, es decir, la vida”. [19] Por fin los extremos se han unido, y ahora la constitución del ser americano luce diferente, en consecuencia. Los tremendos códigos del ser y el no ser abarcan el mensaje nerudiano, en lo vital y en lo escritural.

En lo últimos años crece un aspecto introspectivo, monológico, en los poemas de Neruda. El poeta distingue entre una poesía metafísica, egológica, oscura, centrada en el yo, y una poesía más pública, clara, política, ontológica. Se mantiene la validez de lo personal, lo íntimo, lo oscuro. El canto poético es un mar que siempre se renueva. El mar, la palabra, el invierno, la tierra, son fuentes regeneradoras, a las cuales se vuelve.

[1] Raimondi, E., citado por Angelo Marchese y Joaquín Forradellas. Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria. Barcelona: Ariel, 1989, p. 270.

[2] Frye, Northrop. Anatomy of Criticism. Princeton: Princeton University Press, 1973, p.158-160.

[3] Frye, Northrop. Anatomy of Criticism. Princeton: Princeton University Press, 1973, p. 159-160.

[4] Eliade, Mircea. En The Semiotic Sphere, Thomas Sebeok, editor. New York: Plenum Press, 1986, p. 427-431.

[5] Van der Leeuw, Fenomenología de la religión. México: Fondo de Cultura Económica, 1964, p. 400.

[6] Frye, Northrop. Anatomy of Criticism. Princeton: Princeton University Press, 1973, p. 158.

[7] Frye, Northrop. Anatomy of Criticism. Princeton: Princeton University Press, 1973, p. 159.

[8] Frye, Northrop. Anatomy of Criticism. Princeton: Princeton University Press, 1973, p. 158.

[9] Greimas, Algirdas. Semántica estructural. Investigación metodológica. Madrid: Gredos, 1976, p. 263-293.

[10] Neruda, Pablo. El río invisible. Barcelona: Seix Barral, 1980, p. 13.

[11] Yurkiévich, Saúl. “Mito e historia: Dos generadores de Canto general”, en Fundadores de la nueva poesía latinoamericana. Barcelona: Ariel, 1984, p.235.

[12] Yurkiévich, Saúl. “La imaginación mitológica de Pablo Neruda”, en Fundadores de la nueva poesía latinoamericana. Barcelona: Ariel, 1984, p. 190.

[13] Neruda, Pablo. Obras completas. Buenos Aires: Losada, 4a. edición, 1973, vol. II, p. 700-701.

[14] Neruda, Pablo. Obras completas. Buenos Aires: Losada, 4a. edición, 1973, vol. II, p. 701.

[15] Neruda, Pablo. Obras completas. Buenos Aires: Losada, 4a. edición, 1973, vol. II, p. 603.

[16] Neruda, Pablo.  Obras completas. Buenos Aires: Losada, 4a. edición, 1973, vol. II, p. 1017.

[17] Neruda, Pablo.  Obras completas. Buenos Aires: Losada, 4a. edición, 1973, vol. II, p. 1017.

[18] Neruda, Pablo. Memorial de Isla Negra. Buenos Aires: Losada, 1964, vol. II, p. 122.

[19] Neruda, Pablo. Obras completas. Buenos Aires: Losada, 4a. edición, 1973, vol. III, p. 314.