Y veinte más

  • Enrique Sandoval

Resumen

        José Antonio Chávez tenía todas las trazas de un gran señor. Lo noté desde el primer día, cuando nos hacían entrega del cargo de vestuario, al comienzo de nuestro servicio militar. Sin respetar la fila, como algo muy natural en él, Chávez se puso el primero para recibir sus cosas y eso fue suficiente para tener su primer encontrón con la jerarquía militar. "¿Cómo se llama usted, conscripto?," le gritó el sargento Benavides con voz chillona. "José Antonio Chávez," le respondió el aludido con voz de senador. Entonces, mi sargento, bastante picado, le lanzó una ráfaga de mordacidades y lo hizo a grito pelado, para que todos lo escucháramos. "Mire, conscripto Chávez, como usted es pajarito nuevo y no chabe nada de grados y distintivos, yo lo voy a poner al corriente. Yo soy mi sargento Juan Nepomuceno Benavides Alarcón, con padre y madre, por la gracia de Dios," le recalcó. "Cuando a usted yo le ordene algo, o cualquier cosa, usted, señorita, deberá decirme a su orden, mi sargento. Además, si a mí, por alguna de esas cosas de la vida, se me ocurriera preguntarle algo, usted deberá contestarme positivo, mi sargento, si la respuesta es sí y negativo, mi sargento, si la respuesta es no.
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Sección
Creación
Publicado
1998-01-01